Un libro hacia el desarrollo de sistemas educativos latinoamericanistas.

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Uno de los trabajos del Dr. Miguel Ángel Barrios,  referente del pensamiento latinoamericano de integración. En su libro  afronta un tema esencial para el futuro regional: la educación y la escuela como herramientas en una estrategia de construcción del Estado continental sudamericano, según sostiene Emilio Tenti Fanfani en su introducción. Un libro publicado en el 2011 y que hoy cobra con la pandemia, gran actualidad.

Hijo de la frontera viva e intelectual orgánico de la integración

El latinoamericanismo educativo en la perspectiva de la integración regional es un aporte fundamental de Miguel Ángel Barrios a la urgente tarea de pensar con claridad los caminos posibles ante los desafíos que el siglo XXI ya formula a los pueblos y naciones de esta parte del mundo, asegura en la presentación Enrique Martínez Larrechea -Decano de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de la Empresa de Montevideo.

Miguel Ángel Barrios es un hijo de la frontera viva que puede asegurar el mejor bien común a la región: la frontera argentino-brasileña, dice. Esta expresión, parafraseada de su maestro, Alberto Methol Ferré, nos permite caracterizar brevemente al autor. Nacido en Corrientes y ciudadano de la provincia de Misiones en la Argentina, Barrios nació –también como intelectual– en el espacio confederal del antiguo protectorado artiguista. Sin embargo, Miguel Ángel Barrios es también un investigador académico, profesor de Historia y poseedor de dos doctorados: en Ciencias de la Educación y en Ciencias Políticas, en esta última disciplina por la Universidad del Salvador de Buenos Aires, precisamente con una tesis que dirigió Methol Ferré consagrada a la peripecia profética de Manuel Ugarte.

Miguel Ángel Barrios se propone el objeto de “interrogar los discursos emergentes” de la generación latinoamericana por antonomasia. Y centra su esfuerzo en los legados intelectuales de José Martí, Manuel Ugarte, José Vasconcelos y Pedro Henríquez Ureña. Asimismo, toma de Jaume Carbonell Sebarroja las categorías de modelo social, modelo escolar, modelo pedagógico y modelo de gestión y participación, explica.

La aproximación del escritor argentino al latinoamericanismo educativo es,pues, sistemática y erudita. Recorre un vasto arco teórico desde la teoría política, la historia y el debate teórico-filosófico, para pasar revista luego, en el capítulo 2, a la influencia cultural del positivismo, corriente a la que tocó el papel de articular los sistemas educativos nacionales, en sus vertientes comteana y spenceriana. En tal sentido, este libro está llamado a ser, no un ejercicio correcto destinado a un merecido descanso en anaqueles polvorientos y silenciosos, sino una obra desafiante y lúcida, que nos pone frente a un combate aun en ciernes: hacer de nuestras universidades y de nuestras plataformas institucionales de ciencia, conocimiento e innovación, espacios articulados y convergentes, en los que no sólo una elite tecnocrática participe sino la comunidad latinoamericana, como sujeto activo en la construcción de un vasto espacio integrado, tal vez un Estado continental, concluye Enrique Martínez Larrechea.

Por su parte, en el prólogo de la obra, la profesora emérita de UCA, Graciela Maturo, relata que Miguel Ángel Barrios forma parte de las nuevas promociones del campo nacional al que pertenecía Fermín Chávez, en prosecución del revisionismo católico de Vicente Sierra y José María Rosa, y de Jorge Abelardo Ramos, ampliado hacia el pensamiento latinoamericano que con diferentes matices han integrado Alberto Methol Ferré –director de su trabajo de tesis–, Washington R. Reyes Abadie, Alberto Wagner de Reyna, Helio Jaguaribe y muchos otros estudiosos de la segunda mitad del siglo XX, que han visto llegada la hora impostergable de recomponer el fragmentado mapa de América Latina.

Esa vertiente del pensamiento político latinoamericano, cuyas fuentes remotas se encuentran en las crónicas del siglo XVI, anticipadoras de la originalidad mestiza del Nuevo Mundo, adquiere innegablemente su consciente madurez con la generación del 900, propuesta en esta obra por Miguel Ángel Barrios como tema de investigación. Si bien es cierto que José Martí muere en 1895, sin alcanzar esa fecha, con plena justicia el autor lo integra al grupo generacional de comienzos del siglo XX, formado por Rubén Darío, Manuel Ugarte, José Enrique Rodó, Francisco García Calderón, José Santos Chocano, José Vasconcelos, entre otros.

El antiimperialismo político de esa generación se traduce en un profundo rescate del ethos hispanoamericano, y un consiguiente rechazo del pragmatismo, el positivismo y otros instrumentos propios de la mentalidad dominante, difundidos incluso entre algunos prohombres de la etapa de la organización de las naciones. Tema insoslayable en este replanteo de la identidad cultural era, y sigue siendo sin duda, el de la educación.

Miguel Ángel Barrios nos invita a participar en la reconstrucción de esta nación de repúblicas marcada por la mestización y la espiritualidad. Un “pequeño género humano”, como decía Simón Bolívar, que acaso se halle a tiempo de ofrecer un nuevo modelo a la humanidad, con solvencia académica, comprensión histórica y gesto vehemente.


La mirada política de la educación y la escuela



En la introducción, el profesor Emilio Tenti Fanfani, advierte sobre la importancia de la nueva producción del investigador. “Es preciso que el lector sepa que el libro de Barrios es una especie de invitación a mirar las cosas de la educación y la escuela desde la política. Una política que hoy debe trascender los límites estrechos heredados del Estado-nación que ya está cumpliendo doscientos años. Se trata de una invitación a considerar la escuela como una herramienta dentro de una estrategia de construcción de un nuevo campo político: el del Estado continental sudamericano”.

“Hoy se requiere una nueva politización de la cuestión escolar. Ya no basta desarrollar la escolarización en el sentido tradicional (más alumnos, más escuelas, más eficiencia escolar, etc.) sino que es preciso encontrar un nuevo sentido a esta vieja institución. Hoy los sistemas escolares son cada vez más masivos, se extienden a lo largo y lo ancho del territorio, pero son como gigantes anémicos y bobos que han perdido sentido y orientación. Es probable que los procesos de redefinición de las configuraciones nacionales estatales que tienen lugar en todo el mundo y en América Latina en particular sean una ocasión para pensar la educación en función de otro proyecto político: el de la construcción de sociedades más ricas, más justas, más libres y también más fuertes para contribuir con la riqueza y diversidad de sus culturas a la construcción de una auténtica cultura universal”, sostiene con entusiasmo el consultor del IIPE-UNESCO.


Las propuestas

En sus palabras preliminares, Miguel Ángel Barrios explica que la batalla por la educación únicamente cobra dimensión en los espacios que ubiquen como horizonte estratégico al Estado continental industrial de América del Sur en América Latina. Todo programa aislado sin respuestas regionales está condeno al fracaso. La educación dinamizadora de la cultura es el factor intangible del Estado continental, en un momento en que la verdadera soberanía es la cultural.

El libro, según lo define el propio autor, persigue dos objetivos: 1) retomar la actualidad del programa educativo del nacionalismo latinoamericano del 900, y 2) rediseñar líneas de acción a partir de sus presupuestos filosófico-políticos, con el fin de no dejarlos congelados en el tiempo, pero que constituyen caminos posibles de planeamiento de políticas públicas desde la educación, con el fin de promover la ciudadanía regional del Estado continental industrial de América del Sur en América Latina.

Avanzando en su obra, Barrios esboza líneas de acción que parten de una reconceptualización del fenómeno educativo: la educación en la mundialización significa internalización de información, conceptos y valores para la toma de decisiones en tiempos de incertidumbre, potenciando a la cultura en la dimensión identitaria de los pueblos.

Propone la homogeneización de los sistemas educativos sudamericanos en todos sus niveles. El reconocimiento automático de los títulos de grado académicos en lo que será el estado continental. Implementar cátedras comunes en las academias diplomáticas, militares y de las fuerzas de seguridad. Implementar en la currícula el portugués como lengua obligatoria en el sistema educativo hispanohablante y el castellano en el mundo lusohablante. Crear las cátedras “Patriotas latinoamericanos” y “Segunda independencia” en forma itinerante en toda América del Sur, bajo la órbita de la Unasur, con metodología presencial y virtual. La creación de una Secretaría de cultura y educación de la integración con el fin de centralizar los programas para otorgarle coherencia política y eficacia estratégica a la Unasur, el Mercosur y la Comunidad Andina, a través de las diplomacias presidenciales. Implementación de programas formales y no formales, bajo el axioma de la educación permanente, y muchas propuestas más (ver dossier especial adjunto)

La reactualización del latinoamericanismo educativo en la perspectiva de la integración regional nos permitirá, en nuestra opinión, narrarnos a nosotros mismos, para ser de una vez por todas sujetos de Nuestra América en la segunda independencia, expresa el profesor del ISEN.


La educación y la nueva diplomacia

En el epílogo de la obra, Franco Castiglioni, Director de Asuntos Académicos del ISEN, asegura que los resultados concretos en el mejoramiento de la vida de los pueblos son fundamentales para la legitimación de las instituciones como las del Mercosur y Unasur. Pero van de la mano, como lo fue en la construcción de los estados nacionales, de una decidida política cultural. Sin ciudadanía no puede haber democracia en un país. El ciudadano regional es una prioridad para avanzar y consolidar la integración. La educación, sin ser el instrumento exclusivo, constituye un plano de primaria importancia para la política cultural que pretenda dar sentido y fundamento a una ciudadanía democrática regional, basada en mutuos reconocimientos que valoren la diversidad.

Precisamente el esfuerzo de concentrar el foco en la educación como eje de la construcción de una ciudadanía regional es la tarea propuesta con originalidad anticipatoria por Miguel Ángel Barrios en su libro El latinoamericanismo educativo en la Perspectiva de la Integración Regional. Barrios, con este texto, nos ofrece un nuevo capítulo de su producción intelectual y compromiso latinoamericanista. Por su carácter profundamente latinoamericano, el texto de Barrios es un importante aporte a la política exterior de la Argentina. En el Instituto del Servicio Exterior de la Nación (ISEN), donde se forman los futuros diplomáticos del país y se capacitan permanentemente los funcionarios del servicio exterior durante su carrera, otorgamos al estudio de la historia, la política y la economía de los países de nuestra región la importancia que le asigna la prioridad latinoamericana en la inserción internacional de nuestro país.

Fuente: Mercosur ABC

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