UN DÍA EN SAN GOTARDO…


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Amigos y Anunciantes que nos apoyan

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Desde www.politicayeducacion.com nos contactamos con Julio Manuel Pereyra (Uruguay),  Educador Comunitario y Docente de Apoyo a la Inclusión. Nos comunicamos con el fundador de Escuelitas Ambulantes ‘Caminos de Tiza’, columnista que colabora permanentemente con Política y Educación. A partir de este encuentro a la distancia, iniciamos un camino mágico de tizas junto a él para conocer su vida, su tarea diaria a través de sus relatos.

En esta oportunidad llegamos a San Gotardo, paraje de la localidad de Capioví, provincia de Misiones –Argentina -, a la vera del río Paraná y a la sombra de las chimeneas de la fábrica de Papel Misionero, ha sido uno de esos pueblos que florecieron con el oro verde, la yerba mate. Llegar a ese misterioso lugares es dejar atrás  caminos de penetrante color rojo, cercado de pinos… Su paisaje brinda calles de empedrado, balastro, ranchos de madera y nylon, una zona fronteriza  con Paraguay que tiene en ese tramo de la geografía, a uno de los sectores más angostos del río Paraná de mala fama por el narcomenudeo y el contrabando con el país vecino.

En la provincia de Misiones –Argentina -, hay por lo menos 20 poblados que están en riesgo de desaparición, uno de ellos es  San Gotardo, una de las causas principales es el aislamiento, la falta de servicios, la escasez laboral y la falta de oportunidades en educación.

Zonas que han quedado en el olvido, pero es aquí, que desde www.politicayeducacion.com nos queremos detener para destacar la labor de esas personas que desde el silencio no se olvidan y llegan hasta allí, para cubrir algunas de sus necesidades, la educación de los gurises del lugar. Es el caso de uno de nuestros columnistas, Julio Pereyra, educador comunitario, docente de apoyo a la inclusión, con su escuelita ambulante recorre estos rincones olvidados.

A las 5:40, el despertador suena y le recuerda a Julio que es momento de arrancar y emprender un nuevo camino, poner en marcha la escuelita ambulante y recorrer los primeros resplandores del alba en primavera que cobijan el cielo o  la noche profunda en invierno. Luego es momento de esperar el colectivo e iniciar ese camino, un trayecto con el aula al hombro. El saludo con el amigo colectivero, que pese al barbijo se reconocen,  en el recorrido pueden compartir  el noticiero para ponerse al día de la actualidad, de todo lo que ocurre en la Provincia y en el Mundo. Es un  viaje que ayuda a pensar, a repensar las actividades del día, las propuestas para cada niño y el circuito a pie que debe recorrer.

Es momento de acoplarse con el pizarrón, tizas, hojas, colores, materiales terapéutico ortopédicos y con las ganas y sueños que todos los días cuelgan de su cuerpo, envuelto en un guardapolvo mientras canta “Caminos deTiza” de Víctor Heredia.

 Vivir en tiempo de pandemia, es una época donde emanan aromas entre la mezcla del desinfectante en ropa y el alcohol en gel, el repelente de insectos (por el tema dengue) y el desodorante necesario para caminar por la opy pitá misionera y sus temperaturas.  

Julio solo lleva algunos libros de la Biblioteca Itinerante “Tekom’boe” porque las fuerzas ya no son las mismas de hace 6 años atrás cuando inició este proyecto y a recorrer estos caminos.

Es tiempo  de entra a recorrer unos 4 kilómetros de camino de balastro para llegar a destino, allí lo esperan unos ricos mates y esos chipá – Alimento tradicional a base de almidón de mandioca y queso,  herencia de las reducciones franciscanas y las misiones jesuíticas guaraníes – . A las 8, las palmas de sus manos se hacen escuchar, acompañada del ladrido de algunos perros que avisan su llegada, es el momento que se escucha a un niño gritando “Profeee”, que corre a unirse en un abrazo, que queda reflejado en la mancha de sus manitos en guardapolvo. Es momento de la clase, mesas de madera, rústico pizarrón,  tiempo mágico llenos de garabatos, letras y números que buscan dejar alguna enseñanza.

No solo los chicos participan atentamente, una madre escucha respetuosamente su clase, transformándose en una nueva estudiante, ayudan a armar el plan de trabajo para seguir en la semana, y el material didáctico para promover los aprendizajes.

San Gotardo lo ve terminar y volver a los caminos, donde como una caravana se van sumando mitaís (niño en guaraní) y perros que siempre acompañan sus clases.

El profe continua sus tareas y se encuentra con la siguiente casa, es un árbol el que permite de una rama colgar el pizarrón; repitiendo el ritual de rayarlo con palabras, cuentas, figuras geométricas o mapas, mientras ese gurí lo bombardea de preguntas o copia como dibujando sueños.

El día lo ve volver a retomar las calles, y la siguiente estación es una ‘miniescuela’; siete hermanos lo esperan con algún mate cocido y un reviro. Así va de una casa a otra; se sienta en un tronco, improvisando un banco,  ese día un globo terráqueo, una cebolla pintada con algún fibrón se transforma en el recurso principal para empezar su clase.

Para al mediodía, se dirige a donde le toca almorzar; cada día en una casa diferente. Las familias lo hacen sentir uno más, pese a la distancia física que  separa por esto del DISPO, porotos, locro, guisos y reviros – comida a base de maíz o de trigo-  siempre lo esperan.

Siempre hay alguien que le recuerda el tiempo, porque muchas veces pierde la noción, le avisa que debe salir a la calle a esperar el último cole que ese día lo lleva a su casa.

La tierra colorada mancha sus zapatillas, y el guardapolvo blanco, se llena de cicatrices de alguna salpicadura de un charco, alguna ‘telaraña’ al pasar, y las tizas de colores que al rozar el pizarrón con sus mangas trazan formas que acompañan la soledad al volver en el colectivo, solo, distante, con un barbijo que lo enmudece.

Daniel A. Traverso

Daniel A. Traverso

Docente y Columnista

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