Manuel Belgrano, precursor de una Pedagogía propia en el Río de la Plata.


Deprecated: Elementor\Scheme_Color ha quedado obsoleto desde la versión 2.8.0. Utiliza Elementor\Core\Schemes\Color en su lugar. in /home/puntocom/domains/politicayeducacion.com/public_html/wp-includes/functions.php on line 5051

Deprecated: Elementor\Scheme_Typography ha quedado obsoleto desde la versión 2.8.0. Utiliza Elementor\Core\Schemes\Typography en su lugar. in /home/puntocom/domains/politicayeducacion.com/public_html/wp-includes/functions.php on line 5051

Amigos y Anunciantes que nos apoyan

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin

La educación como el origen de todo progreso social, de toda regeneración moral y de toda reconstrucción económica.

Manuel Belgrano puede considerarse el primer estadista-educador de la sociedad criolla anterior y posterior a la Revolución de Mayo, y un pensador comprometido y sistemático de las instituciones educativas como forjadoras de la nueva sociabilidad poscolonial. Ha sido uno de nuestros próceres que más se ha ocupado por fomentar la educación. Se destaca su labor como secretario del Consulado, a partir de 1794 hasta los sucesos revolucionarios de 1810.  Fomentando la agricultura, la industria y el comercio, tendiendo al desarrollo económico, pero nunca sin descuidar el aspecto social. Para lograr un bienestar, no sólo material sino también a nivel humano, fue necesario pensar en promover la educación, en los diferentes niveles.

Belgrano no se conformó con los conocimientos académicos de la universidad española, tutelada por la censura siempre presente de la Inquisición y las fuertes tradiciones del monopolio eclesiástico. Intentó y logró acceder a la lectura de libros prohibidos y, con la dispensa del papa Pío VI, pudo leer con fruición los famosos libros interdictos que eran los de la Ilustración francesa – Montesquieu, Rousseau, los autores de la Enciclopedia–. Como lo señala Juan Probst, esa tendencia de censura se profundizará con la Cédula Real del 19 de mayo de 1801, que constituía los «Censores Regios», evaluadores de todas las tesis «defendidas en las Universidades, conventos y escuelas privadas de regulares y seculares, antes de imprimirse y repartirse. (X)

Podría decirse que la educación de Belgrano recurrió a una triple apropiación de la cultura de su tiempo que lo constituyó como un liberal ecléctico de personalidad polifacética, tensionada entre épocas. Como formación de base sostuvo firmemente la tradición aristotélica tomista, con una fuerte inclinación por el culto mariano de vida piadosa y austera. Siempre se sostuvo como un católico sincero –filántropo y devocional–, pero no de sensibilidad barroca, aliada a las prácticas externas del culto, afín a supersticiones y milagrerías. Por otro lado, se sumergió en los estudios modernos de su época, tanto en la solicitud y el aprendizaje de los idiomas vivos como en el de las ciencias de la experimentación, en las trayectorias iniciadas por los trabajos de Galileo y Newton: la Física comenzaba a ponderarse como el campo legítimo de los estudios sobre la realidad material del mundo sensible.

Lo tradicional, lo moderno y lo prohibido conformaron al intelectual, funcionario de la administración colonial y político-militar revolucionario que fue Belgrano a lo largo de los diferentes períodos de su vida pública. (X) Con todos estos saberes mezclados, desde su identidad americana a la que nunca renunció, pudo desocupar la figura de vasallo fiel y ocupar plenamente la del ciudadano criollo de una nación incipiente.(X) Belgrano tornó altamente productiva la tensión entre esos dos mundos que colisionaron políticamente a lo largo de su vida pública.

Manuel Belgrano emerge como el primer estadista-educador de la sociedad criolla pre y pos evolucionaría. Y lo hace asumiendo el compromiso político de un pensador sistemático que puede hacer dialogar los saberes de la economía política, los conocimientos modernos de las ciencias experimentales y las artes mecánicas junto con la postulación de instituciones educativas forjadoras de una nueva sociabilidad poscolonial.

Fue el primero que discernió la importancia de un régimen social centrado en la continuidad de las políticas públicas de orden educativo, económico y laboral. Su reflexión despliega la complejidad de aquel criollo fiel a su tierra que sabe darle voz a las ideas de la ilustración tanto como a las creencias religiosas y tradiciones éticas de sus mayores.

Cree saber que sólo la persona que se educa conoce sus propios intereses y son estos los que generan los espacios de estímulo y desarrollo de la comunidad. Una educación, pues, fundada en la inteligencia de los intereses ilustrados por el conocimiento. Presiente que el hombre americano se ha olvidado de sí mismo, que ha terminado de aceptar su minoridad de pueblo vencido; sabe que es posible recuperar –bajo otro régimen soberano de costumbres políticas– el espíritu de la vida laboriosa, el afán de prosperar comunitariamente confiando en la inteligencia colectiva.

La patria que brota de sus textos evidencia al político de mirada larga, quien reconoce en los modos de producir y comerciar una misma línea de continuidad eslabonada a los modos de poblar y cohesionarse con la verdadera riqueza del suelo agrícola. Podríamos acordar que Belgrano es nuestro primer demógrafo y nuestro primer economista, para quien gobernar es fomentar la riqueza propia, con labradores que son también pequeños propietarios. Se atreve a pensar a la población como riqueza, no solamente la tierra de los fisiócratas como recurso excluyente del que dimanan todos los bienes.

Promueve un cambio político a partir de una meditada innovación conceptual: la vida propia debe ser buscada a través del estudio, el conocimiento y el trabajo. Como economista político y educador de jóvenes y adultos jóvenes Belgrano se anticipa a la Argentina del último tercio del siglo XIX.

Cuando Belgrano piensa la educación postula instituciones –colegios, escuelas, academias– y lo hace también desde lugares de la cultura pública –circulación de ideas en el periodismo, traducciones, libros, bibliotecas, tertulias y vida social–. Sin pretenderlo intencionalmente se diluyen las fronteras que forjan las nuevas ciencias del ciudadano: los que estudian son los que trabajan y los que trabajan son los que estudian.

Como pedagogo criollo Belgrano sostiene con fuerza política la educabilidad de todos los hombres y mujeres americanos, en su singularidad específica e identidades concretas –como labradores, como jornaleros, como artesanos, como huérfanos y establece la educación como el origen de todo progreso social, de toda regeneración moral y de toda reconstrucción económica.

En los textos pedagógicos de Belgrano hay un relato que incluye dos historias: una proviene de su identidad como economista político y, desde ella, concibe a la realidad humana y natural como lugar de la escasez, el trabajo y el esfuerzo. La otra historia se vincula con los lenguajes ético-religiosos, atentos al orden de la felicidad, la plenitud y la dicha humana. La pedagogía belgraniana se dirime en la tensión entre escasez y plenitud. La figura del maestro ocupará el lugar simbólico de máxima ejemplaridad y se configurará como el referente civil más importante de la comunidad.

Antonino Salvadores considera a Belgrano como “el verdadero propulsor de la educaciónel verdadero padre de la escuela primaria argentina, pues él dio a la revolución la fórmula concreta de política educacional un cuarto de siglo antes de que Rivadavia iniciase las fundaciones que le han dado justo renombre’’.

La prédica de Belgrano a favor de la difusión de la instrucción y educación pública como esencial para el fomento de la industria y riqueza. Se encargo de impulsar el comercio y para difundir los nuevos principios y prácticas en la materia, proponía la creación de una Escuela de comercio. También hay que tener en cuenta que los orígenes de las Facultades de Agronomía y de Ciencias Económicas se encuentran en los planes de estudios que proyectara Manuel Belgrano.

Podemos decir que Manuel Belgrano se interesa por la educación en los distintos niveles, ya sea primario como terciario, y fue un precursor en fomentar la educación femenina, para que ésta, gracias a la educación pudiera tener una mayor participación social.

Ha sido uno de esos patriotas que realizó aportes muy valiosos a nuestra Patria, se hizo oír, ha sido un actor relevante, desde un primer momento convoco a la construcción de un Estado que eduque, confiando en el poder de la educación para la dignificación del hombre y para la solución de sus problemas sociales que es esencia espiritual de la democracia. Es el patriota que forma  parte de la historia de nuestra Patria y que no podemos dejar de recurrir a él para entender mejor nuestro presente.

“He creído propio de mi honor y de los deseos que me inflaman por la prosperidad de mi patria, destinar los expresados 40.000 pesos para la dotación de cuatro escuelas públicas de primeras letras en las que se enseñe a leer y a escribir, la doctrina cristiana, y los primeros rudimentos y obligaciones del hombre en sociedad” .

“Método no desorden; disciplina, no caos; constancia no improvisación; firmeza, no blandura; magnanimidad, no condescendencia”.

“Mucho me falta para ser un verdadero padre de la patria, me contentaría con ser un buen hijo de ella”.

Manuel Belgrano

Fuentes: Extraído de (X) Manuel Belgrano: dilemas del pensamiento educativo de un ilustrado católico y revolucionario. RAFAEL S. GAGLIANO

Historia de la educación argentina, BELGRANO y la educación.

¿Te gustó este artículo?