LAS ESCUELAS TÉCNICAS MARCAN LA DIFERENCIA

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LAS ESCUELAS TÉCNICAS MARCAN LA DIFERENCIA

Por qué el rendimiento de los alumnos de las escuelas técnicas en la Argentina se destaca del resto de los estudiantes? ¿Por qué cada vez más padres de todos los sectores sociales eligen esta modalidad? ¿Cómo llegaron estas instituciones a ser lo que hoy son, después del vaciamiento durante la década del 90?

Ni casualidad ni milagro. Las respuestas están en el espíritu de este formato de escuela secundaria específica que aprovecha y condensa lo que mejor funciona: mayor exposición al conocimiento con más horas de clase (doble turno y un año más de enseñanza obligatoria), aplicación de lo teórico a la realidad, egreso con título técnico de validez nacional, pasantías profesionalizantes y salida laboral en un mercado que demanda mano de obra especializada.

La formación técnica trasciende la adquisición de conocimientos conceptuales y avanza en el “saber hacer”.

Desde la reactivación de las viejas escuelas industriales y agrarias, tras el desafortunado cierre de los servicios en los años 90, esta modalidad crece de manera sostenida. Hay más alumnos y desempeño destacado. 

Las pruebas Aprender 2019 confirman que los estudiantes del último año de las técnicas sobresalen. En Matemática se ubican 10,8 puntos porcentuales por encima de quienes asisten a las escuelas comunes. El 40,4 por ciento de los alumnos en esta modalidad logra niveles “satisfactorios” o “avanzados” en esta disciplina, mientras que el porcentaje cae al 29,6 por ciento en la modalidad orientada. En Lengua, aunque en menor medida, el desempeño también es superior. 

Gerardo Marchesini, director de Educación Técnica de la provincia de Buenos Aires, explica que los diseños curriculares de esta modalidad se basan en la generación de capacidades profesionales, donde se interrelacionan cuestiones conceptuales, procedimentales y actitudinales. 

Lo que se busca –remarca– es contemplar enfoques locales, regionales y territoriales, y propiciar una convergencia entre instituciones para intentar dar respuesta a procesos productivos cada vez más intensivos en ciencia y tecnología, que requieren capacidades profesionales. 

Por qué el rendimiento de los alumnos de las escuelas técnicas en la Argentina se destaca del resto de los estudiantes? ¿Por qué cada vez más padres de todos los sectores sociales eligen esta modalidad? ¿Cómo llegaron estas instituciones a ser lo que hoy son, después del vaciamiento durante la década del 90?

Ni casualidad ni milagro. Las respuestas están en el espíritu de este formato de escuela secundaria específica que aprovecha y condensa lo que mejor funciona: mayor exposición al conocimiento con más horas de clase (doble turno y un año más de enseñanza obligatoria), aplicación de lo teórico a la realidad, egreso con título técnico de validez nacional, pasantías profesionalizantes y salida laboral en un mercado que demanda mano de obra especializada.

La formación técnica trasciende la adquisición de conocimientos conceptuales y avanza en el “saber hacer”.

Desde la reactivación de las viejas escuelas industriales y agrarias, tras el desafortunado cierre de los servicios en los años 90, esta modalidad crece de manera sostenida. Hay más alumnos y desempeño destacado. 

Las pruebas Aprender 2019 confirman que los estudiantes del último año de las técnicas sobresalen. En Matemática se ubican 10,8 puntos porcentuales por encima de quienes asisten a las escuelas comunes. El 40,4 por ciento de los alumnos en esta modalidad logra niveles “satisfactorios” o “avanzados” en esta disciplina, mientras que el porcentaje cae al 29,6 por ciento en la modalidad orientada. En Lengua, aunque en menor medida, el desempeño también es superior. 

Gerardo Marchesini, director de Educación Técnica de la provincia de Buenos Aires, explica que los diseños curriculares de esta modalidad se basan en la generación de capacidades profesionales, donde se interrelacionan cuestiones conceptuales, procedimentales y actitudinales. 

Lo que se busca –remarca– es contemplar enfoques locales, regionales y territoriales, y propiciar una convergencia entre instituciones para intentar dar respuesta a procesos productivos cada vez más intensivos en ciencia y tecnología, que requieren capacidades profesionales. 

Fotos: Gentileza IPET Nº 265

MEJORES RESULTADOS

Un informe del Observatorio Argentino por la Educación, en colaboración con la Fundación Uocra, revela que los buenos resultados en Matemática en las técnicas se registran en 21 de las 24 jurisdicciones del país. La clave de estos estándares es la doble jornada escolar y la combinación de la teoría con la resolución práctica de problemas en talleres y laboratorios.

“Sigo los resultados desde los ONE (Operativo Nacional de Evaluación) 2011, 2013 y 2015, y luego las Aprender 2016, 2017 y 2019. Si bien esos operativos no estaban preparados para evaluar la parte técnica, sino que lo hacían en general, los resultados siempre fueron mejores que los de la secundaria orientada. Mayor porcentaje de escuelas están por encima de los niveles esperados y mayor cantidad de estudiantes tienen buen nivel”, explica Domingo Aringoli, ex director de Educación Técnica del Ministerio de Educación de Córdoba.

Directivos y docentes de las técnicas también advierten esta tendencia. “Se nota el mejor rendimiento, al menos en Matemática y Lengua, y no solo en las pruebas Aprender y Pisa, sino en lo cotidiano. Es muy importante la carga horaria que tienen asignaturas como Matemáticas, las otras ciencias duras, la mayoría de las técnicas y el trabajo en los talleres. Para hacer un plano o una maqueta necesitan el uso de la matemática”, grafica Daniel Castrillo, profesor de Lengua en el Instituto de Enseñanza Técnica IPET 265, conocido como “la escuela de minería”, de la localidad de José de la Quintana, en la provincia de Córdoba. 

“La carga horaria y la aplicación de los conocimientos en otras asignaturas hacen la diferencia”, agrega.

La educación técnica en la Argentina tiene más de 200 años de historia. Manuel Belgrano, como cónsul real del Virreinato del Río de la Plata, fue el pionero al crear la primera escuela de dibujo técnico y de enseñanza de ingeniería náutica en 1799. En 1870, Domingo Sarmiento impulsó las escuelas de agricultura en las provincias. Décadas después, Juan Domingo Perón les dio un gran impulso y a fines de los años 50 se creó lo que hoy lleva el nombre de “Instituto Nacional de Educación Técnica” (Inet). 

“LOS ESTUDIANTES DE LAS ESCUELAS TÉCNICAS, EN LA PRÁCTICA ENCUENTRAN SENTIDO ENTRE LO QUE ESTUDIAN Y APRENDEN”.
GERARDO MARCHESINI

En los 90, con la Ley Federal se clausuró la educación técnica, que renació en 2005 con la Ley de Educación Técnico Profesional (N° 26058), sancionada un año antes de la Ley de Educación Nacional
(Nº 26206).

ESCUELA CON PLUS

Aringoli explica que esta modalidad incluye –además de la formación ética, ciudadana, humanística y científico-tecnológica como cualquier secundaria– la formación técnica específica y la práctica profesionalizante, en algunos casos de más de 200 horas en empresas.

“La educación técnica tiene un año más en todo el país y siete horas por día, lo que es conocido como doble turno; mayor tiempo en situación de aprendizaje y mayor apego a la modalidad”, enumera.

Según estándares internacionales, los planes de estudio técnico-profesional deben tener una carga de práctica no menor al 30 por ciento del plan de estudio para garantizar calidad y resultados. 

Pero en la Argentina la realidad es desigual. En provincias como Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, la práctica ronda entre el 40 y el 50 por ciento de la currícula, pero en otras jurisdicciones es menor.

Marchesini subraya que los estudiantes de las escuelas técnicas en la práctica “encuentran sentido entre lo que estudian y aprenden”, y ven la aplicación concreta en el trabajo o en el desarrollo de herramientas. De esta manera, se posicionan de manera estratégica en el desarrollo humano y social, y en el crecimiento económico.

El funcionario sostiene que la educación técnica es de mayor calidad cuando existen articulaciones entre el Estado nacional, provincial y los municipios, y lazos con otras instituciones. “La capacidad de la escuela técnica de vincularse con actores de distintos desarrollos tecnológicos en la cadena productiva es lo que también le da relevancia”, afirma Marchesini.

¿Qué falta? Los expertos opinan que el desafío es llegar a una mayor participación de la educación técnica en el sistema (como en los países desarrollados), fortalecer la carrera docente y estrechar vínculos con el sector productivo como aliado estratégico para el desarrollo de planes de estudio actualizados, con vigencia y rápida inserción laboral.

MÁS ALUMNOS

Las escuelas técnicas van ganando adeptos en familias de todas las clases sociales, que valoran el título terminal que permite matricularse en un colegio profesional y trabajar en mandos medios o como autónomos.

El fenómeno se observa en el crecimiento de la matrícula. 

“El año pasado, en la virtualidad, contábamos con 280 alumnos, y este año hay 340 inscriptos aproximadamente. En los últimos cursos tenemos promoción de egresados de hasta 35 alumnos. Es un número muy alto, teniendo en cuenta que hace seis o siete años no superaba los 15 alumnos egresados”, explica Castrillo en relación con la realidad en pequeña escala de la “escuela de minería”, del poblado cordobés. 

EN NÚMEROS

Instituciones. En la Argentina hay 3225 instituciones de formación técnico-profesional: casi la mitad es secundaria técnica. Y 8 de cada 10 son estatales.

Matrícula. Creció 14,7% entre 2011 y 2018 en el país, cuatro puntos más que en las comunes. Hay 682.699 alumnos; un tercio son mujeres.

Fuente:

https://convivimos.naranja.com/

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