La pasión de enseñar

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El pensamiento pedagógico de Gabriela Mistral

Recordar a Gabriela Mistral intentando imaginar un encuentro con la poeta-docente como la reconocían en su país, imaginar a esa  persona reservada, lejos del ruido, aislada en su escritura. Rememorar a Gabriela Mistral es recordar a la maestra, a la premio Nobel de Literatura.  Lucila Godoy Alcayaga, su nombre legal, nació en 1889 en Vicuña, una pequeña localidad del Valle de Elqui, Coquimbo – Chile -, un icono cultural, suele decirse que los iconos nacen desde la periferia, haciéndose cada vez más significativos a medida que se examinan desde su poder para trascender, algo así ha ocurrido con Gabriela Mistral.

Su padre ha sido maestro de escuela, ella a los dieciséis  años siguió el mismo camino y se dedicó a enseñar, profesora del nivel secundario y directora de escuela.

Abandonó su país para radicarse en México, con el fin de colaborar en la reforma de la educación iniciada por José Vasconcelos. Allí fundó la escuela que lleva su nombre y colaboró en la organización de varias bibliotecas públicas. El gobierno mexicano le encargó componer poemas para niños y preparar textos didácticos. En México inició las campañas de alfabetización y las escuelas al aire libre, método que venía aplicando como profesora en Chile. El historiador Diego Del Pozo manifestó su admiración por su trabajo, “Gabriela Mistral iba a lugares bien apartados de la sociedad y les decía…lleven los niños tal día y tal hora a este lugar…, y ahí educaba abiertamente. Esto lo hacía principalmente en Chiapas, pero en el resto del país aplicaba esa teoría similar y con éxitos”.

“Enseñar siempre: en el patio y en la calle como en la sala de clases. Enseñar con actitud, el gesto y la palabra” – Gabriela Mistral – “Magisterio y niño”.

Gabriela Mistral proyectó su amor maternal sobre los niños a los cuales instruía. Para ellos había escrito sus sencillas canciones y esas rondas reunidas en Madrid (1924) bajo el título de Ternurá. En su honor, cuatro mil niños mexicanos cantaron una vez esas rondas. Gabriela Mistral se convirtió en el poeta de la maternidad de adopción.

Finalizada su estadía en México, partió a Europa y a Estados Unidos, donde en 1926 fue nombrada secretaria del Instituto de Cooperación Intelectual de la Sociedad de Naciones. Paralelamente, fue redactora de una revista de Bogotá, El Tiempo.

En 1945 Gabriela Mistral recibió el Premio Nobel de Literatura, convirtiéndose en la primera mujer iberoamericana y la segunda persona de origen latinoamericano en recibir dicha distinción.

«Voy a contar cómo surgió mi candidatura para el Premio Nobel. La idea nació de una amiga mía, Adela Velasco, de Guayaquil, quien escribió al extinto presidente de Chile, señor Aguirre Cerda, que fue compañero mío, y sin consultarme presentó mi candidatura. En este momento tengo también que recordar a Juana Aguirre, esposa del Presidente».
(Entrevista concedida por Gabriela Mistral a la United Press, Río de Janeiro, 1945)  

La historia de Gabriela Mistral es tan conocida de los pueblos de la América del Sur que, transmitiéndose de país en país, ha llegado a convertirse casi en una leyenda. Dejó claro que su identidad tenía una relación indeleble y directa con su estilo al escribir. Controvertida y asombrosa, Mistral no solo luchó contra los prejuicios que pudieron disminuir su brillo, sino que los usó como puente para crear una forma de comprender así misma que llego a ser parte de su identidad como escritora. Porque ella compleja y difícil de comprender, creó su propio mito. Lo cimentó desde las aristas, lo soporto desde lo desigual y lo critico. Se asumió distinta y actuó en consecuencia.

No se conformó con la idea de transitar con el estereotipo del escritor recluido, ha sido una creadora con el libre albedrío de comprender hacia donde le conducía su búsquedas.

Gabriel Mistral no tiene mayor anhelo en analizar su obra desde la periferia, en hacerse preguntas sobre la poesía como vehículo espiritual. Lo hizo con atrevimiento, con un poder enajenado y profundo que transformó su obra en algo casi doloroso. Para ella, la poesía no era solo una percepción de la realidad, sino la realidad misma. Logró tejer el fino hilo de su pensamiento con algo más primitivo, sin perder coherencia con esa percepción del futuro.

Gabriela Mistral ocupó al lenguaje para desenvolver sus avanzadas ideas. Tanto desde la prosa como con la poesía, marcó nuevos paradigmas sobre la labor intelectual y del poeta con la realidad que lo rodea. –Diego del Pozo -. Recuperar a Mistral es también recuperar nuestra memoria cultural, nuestra identidad mas intima.

Plasmó desde una prima poético-filosófica su pensamiento pedagógico, originado a partir de su experiencia no solo como profesora en escuelas rurales, sino como directora y  asesora ministerial,  comprendió la pedagogía como una invitación, como una obra diaria que se fragua por medio de dedos que deben ser “alguna vez firmes, suaves y amorosos”, una obra de arte que clama por ser aprehendida y luego recreada,  entendió  la clase como una obra de arte susceptible de belleza.

Me pareció oportuno finalizar este recorrido por la vida y obra de Gabriela Mistral, recordando sus pensamientos pedagógicos:

  • Enseñar siempre: en el patio y en la calle como en la sala de clase. Enseñar con la actitud, el gesto y la palabra.
  • Vivir las teorías hermosas. Vivir la bondad, la actividad y la honradez profesional.
  • Amenizar la enseñanza con la hermosa palabra, con la anécdota oportuna, y la relación de cada conocimiento con la vida.
  • Hacer innecesaria la vigilancia del jefe. En aquella a quien no se vigila, se confía.
  • Hacerse necesaria, volverse indispensable: esa es la manera de conseguir la estabilidad en un empleo.
  • Empecemos, las que enseñemos, por no acudir a los medios espurios para ascender. La carta de recomendación, oficial o no oficial, casi siempre es la muleta para el que no camina bien.
  • Si no realizamos la igualdad y la cultura dentro de la escuela, ¿dónde podrán exigirse estas cosas?
  • La maestra que no lee tiene que ser mala maestra: ha rebajado su profesión al mecanismo de oficio, al no renovarse espiritualmente.
  • Cada repetición de la orden de un jefe, por bondadosa que sea, es la amonestación y la constancia de una falta.
  • Más puede enseñar un analfabeto que un ser sin honradez, sin equidad.
  • Hay que merecer el empleo cada día. No bastan los aciertos ni la actividad ocasionales.
  • Todos los vicios y la mezquindad de un pueblo son vicios de sus maestros.
  • No hay más aristocracia, dentro de un personal, que la aristocracia de la cultura, o sea de los capaces.
  • Para corregir no hay que temer. El peor maestro es el maestro con miedo.
  • Todo puede decirse; pero hay que dar con la forma. La más acre reprimenda puede hacerse sin deprimir ni envenenar un alma.
  • La enseñanza de los niños es tal vez la forma más alta de buscar a Dios; pero es también la más terrible en el sentido de tremenda responsabilidad.
  • Lo grotesco proporciona una alegría innoble. Hay que evitarlo en los niños.
  • Hay que eliminar de las fiestas escolares todo lo chabacano.
  • Es una vergüenza que hayan penetrado en la escuela el couplet y la danza grotesca.
  • La nobleza de la enseñanza comienza en la clase atenta y comprende el canto exaltador en sentido espiritual, la danza antigua -gracia y decoro-, la charla sin crueldad y el traje simple y correcto.
  • Tan peligroso es que la maestra superficial charle con la alumna, como es hermoso que esté a su lado siempre la maestra que tiene algo que enseñar fuera de clase.
  • Las parábolas de Jesús son el eterno modelo de enseñanza: usar la imagen, ser sencilla y dar bajo apariencia simple el pensamiento más hondo.
  • Es un vacío intolerable el de la instrucción que antes de dar conocimientos, no enseña métodos para estudiar.
  • Como todo no es posible retenerlo, hay que hacer que la alumna seleccione y sepa distinguir entre la médula de un trozo y el detalle útil pero no indispensable.
  • El amor a las niñas enseña más caminos a la que enseña que la pedagogía.
  • Estudiamos sin amor y aplicamos sin amor las máximas y aforismos de Pestalozzi y Froebel, esas almas tan tiernas, y por eso no alcanzamos lo que alcanzaron ellos.
  • No es nocivo comentar la vida con las alumnas, cuando el comentario critica sin emponzoñar, alaba sin pasión y tiene intención edificadora.
  • La vanidad es el peor vicio de una maestra, porque la que se cree perfecta se ha cerrado, en verdad todos los caminos hacia la perfección.
  • Nada es más difícil que medir en una clase hasta dónde llegan la amenidad y la alegría y dónde comienza la charlatanería y el desorden.
  • En el progreso o el desprestigio de un colegio todos tenemos parte.
  • ¿Cuántas almas ha envenenado o ha dejado confusas o empequeñecidas para siempre una maestra durante su vida?
  • Los dedos del modelador deben ser a la vez firmes, suaves y amorosos.
  • Todo esfuerzo que no es sostenido se pierde.
  • La maestra que no respeta su mismo horario y lo altera solo para su comodidad personal, enseña con eso el desorden y la falta de seriedad.
  • La escuela no puede tolerar las modas sin decencia.
  • El deber más elemental de la mujer que enseña es el decoro en su vestido. Tan vergonzosa como la falta de aseo es la falta de seriedad en su exterior.
  • No hay sobre el mundo nada tan bello como la conquista de almas.
  • Existen dulzuras que no son sino debilidades.
  • El buen sembrador siembra cantando.
  • Toda lección es susceptible de belleza.
  • Es preciso no considerar la escuela como casa de una, sino de todas.
  • Hay derecho a la crítica, pero después de haber hecho con éxito lo que se critica.
  • Todo mérito se salva. La humanidad no está hecha de ciegos y ninguna injusticia persiste.
  • Nada más triste que el que la alumna compruebe que su clase equivale a su texto.

Fuentes: Biblioteca Virtual  Miguel de Cervantes.

Todos los buenos motivos para leer a Gabriela Mistral – Aglaia Berlutti -.

Diego del Pozo, investigador y editor de dos libros de Gabriela Mistral

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