“La lectoescritura permite una sociedad más justa y equitativa”

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Valeria Abusamra, Doctora en Lingüística e investigadora de CONICET,  ha publicado varios libros —entre ellos: “Tejidos con hilos de palabras” y “La ciencia de la lectura”— que abordan estrategias y desafíos en el desarrollo de la comprensión de textos, una habilidad crucial para la escuela y la sociedad

En el libro La ciencia de la lecturaValeria Abusamra recuerda una afirmación de Mario Vargas Llosa: leer, decía el ganador del premio Nobel de Literatura, fue lo más importante que le había pasado en la vida. En esa frase aparecen al menos dos características que hacen de la lectura una actividad fascinante: primero, que cambia el rumbo de la vida —¿seríamos los mismos si no supiéramos leer y escribir?— y, luego, que a leer se aprende.

Doctora en Lingüística e investigadora de CONICET, Abusamra tiene un currículum sorprendente: doctora honoris causa por la Universidad de Chubut, profesora regular de Psicolingüística en la Carrera de Letras de la UBA, docente de posgrado en distintas universidades del país y del exterior, coordinadora académica de la Maestría en Neuropsicología infantil de la Universidad de San Martín, etc. Es una referente educativa en cuanto al estudio de los procesos implicados en lectura, escritura y comprensión lectora, y en las alteraciones de la comunicación verbal en distintas poblaciones de pacientes. Entre sus libros se pueden mencionar Neurociencias y educación —en coautoría con Aldo Ferreres—, Leer y comprender: tejidos con hilos de palabras, el ya mencionado La ciencia de la lectura —junto a Angeles Chimenti y Sol Tiscornia—, etc.

“La adquisición de la lectoescritura”, dice, “permite tener una sociedad mucho más justa, más equitativa”. Si la educación es un derecho, la lectura y la escritura, sin lugar a dudas, también lo son porque “no solamente son importantes para todo aquello que tiene que ver con el transcurso y el desarrollo a lo largo de la escolaridad, sino también para que las personas sean ciudadanos críticos que puedan decidir y oponerse a las injusticias”. Pero esto no es solo una frase aspiracional, implica un compromiso porque, como acentúa Abusamra, “donde hay un derecho también hay una obligación: nuestra obligación como agentes del sistema educativo consiste, entre otras cosas, en asegurar el desarrollo de una habilidad tan fundamental para el desarrollo de las personas en sociedad”.

La situación de la lectoescritura es preocupante. Hay chicos en el secundario que no alcanzaron el nivel acorde de lectura. ¿Cómo se puede revertir eso y asegurar, así, el derecho a aprender a leer?

—Es una gran preocupación que, diría, se da a nivel mundial. Pero en países como la Argentina es notable que hay un deterioro. Nosotros hacemos una serie de pruebas breves para evaluar el nivel de comprensión de textos en chicos de escuela secundaria y en general encontramos ciertos efectos que se verifican. Por ejemplo: los niños y niñas que asisten a escuelas de bajas oportunidades rinden por debajo de los que va a escuelas de altas o medias oportunidades. Otro efecto, es la escolaridad: los de segundo rinden mejor que los de primero, los de tercero mejor que los de segundo, los de cuarto que los de tercero. Pero ahora nos encontramos que no había efecto de escolaridad, que los de primero, los de segundo y los de tercero rendían igual. Esto significa que, a las dificultades que ya había, la pandemia produjo una regresión en este tipo de habilidades.

¿Cuál sería un ejemplo de acción para realizar con estos estudiantes?

—Habría que empezar a enseñar de manera más explícita. No digo que no se enseñe; en la escuela se enseña. De hecho, los resultados demuestran que cuando no hubo escuela presencial enseñando este nivel quedó mucho más parejo. Digo que es mucho más difícil explicitar los procesos contenidos en la comprensión de textos porque son habilidades invisibles. La evidencia es el texto escrito, y hay muchísimas dificultades a nivel de la producción de textos escritos. Pero en comprensión, muchas veces no ves las dificultades.

¿Cuál es la importancia de una alfabetización temprana?

—Cuando hablamos de alfabetización temprana u hogareña hablamos de los primeros años de vida, que son determinantes para la adquisición posterior de habilidades culturales como la lectoescritura. Son cuestiones más ligadas a la oralidad. Implica entrar en el terreno de ciertos predictores específicos como la conciencia fonológica, el vocabulario, la posibilidad de interactuar en intercambios con adultos. El vocabulario es uno de los predictores más importantes: se encontró que existe “La brecha de los 30 millones de palabras”. Es decir, que los chicos de tres años provenientes de hogares muy desfavorecidos escuchan la mitad de las palabras que escuchaban chicos de hogares de clase media trabajadora y un tercio de lo que escuchaban los de contextos favorecidos.

Eso no tiene que ver con la tele o con la radio sino con el intercambio con padres, amigos, compañeros.

—Exacto, con intercambios concretos. Participar de intercambios concretos que no solo impliquen un aquí y un ahora, sino que hablen del futuro, del pasado. Cuando multiplicaban las palabras por los tres años, encontraban que había entre los chicos de bajas oportunidades y los de más altas oportunidades había una brecha de 30 millones de palabras escuchadas. Lo cual es fundamental, porque esa distancia que se genera es muy difícil de remontar después, cuando llegan a los seis años y se insertan en la escolaridad formal.

Los chicos de tres años provenientes de hogares muy desfavorecidos escuchan la mitad de las palabras que escuchaban chicos de hogares de clase media trabajadora y un tercio de lo que escuchaban los de contextos favorecidos

¿La comprensión del texto es decodificar las metáforas?

—Es muchísimo más que eso. Si bien las metáforas son parte —y hay un libro que se llama Metáforas de la vida cotidiana, que es un clásico entre quienes hacen lingüística—, la comprensión de textos es mucho más que eso. Es el resultado de una transacción entre lo que dice el texto y lo que trae cada uno como lector, como comprendedor. Si leés El principito a los 15 o a los 45, generás una representación diferente y eso tiene que ver con la aplicación de distintos mecanismos que van mucho más allá de la metáfora. Dicho esto, comprender una metáfora entra en el ámbito de la pragmática. Implica entrar en un significado que es no referencial. Hay una parte de mi trabajo que se desarrolla en el marco de un hospital con lesionados cerebrales, y los lesionados del hemisferio pierden la capacidad de comprender metáforas.

Hay un concepto sobre “Aprender a leer y leer para aprender”. ¿Podrías profundizar en eso?

—Parece simplemente una mutación de palabras, pero es mucho más complejo porque es el pasaje de transformar letras en sonidos, de decodificar de una manera que después se mecaniza. Vos necesitás de aprender a leer para una comprensión de textos exitosa. Si no automatizaste la decodificación, muy probablemente se te haga costoso comprender, porque uno de los elementos de base está fallando. La comprensión de textos es una habilidad sumamente compleja: es multidimensional, multicomponencial, implica procesos subyacentes y funciones. En el pasaje de aprender a leer a leer para aprender hay muchísimo por hacer y se puede empezar muy temprano.

¿Cómo funciona la lectura en pantalla?

—Vivimos en un mundo en el, como dicen muchos sociolingüistas, se pasó de la palabra a la imagen y del libro a la pantalla. Sin dudas, eso generó un viraje hacia nuevas formas de procesamiento. La forma en que se procesa el libro en soporte papel y en cualquiera de las otras plataformas es diferente. Para dar un ejemplo concreto: el solo hecho de sostener el libro te hace saber cuánto leíste y cuánto te falta. Cuando lees en una pantalla hay ciertas habilidades que pesan diferente. Y, si lees en un celular, que tiene una pantalla muy chiquita, tenés que tener una capacidad de memoria de trabajo más desarrollada que en el papel.

Fuente: Infobae

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