La educación virtual en los bordes o Los límites de la escuela online


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De las bondades de la virtualidad del siglo XXI, nada nos queda para la Escuela; el contacto, el vínculo, la sociabilidad;  son marcas registradas de una Institución que ha sabido sobrevivir durante cientos de años y ha construido una estructura con base en la socialización. El aprendizaje en el niño desde su nacimiento, está íntimamente relacionado con la búsqueda de preguntas y respuestas, experimentación y conclusiones.

El ser humano a lo largo de su historia, ha ido adaptándose en la adquisición de saberes, de tal forma de qué es el mismo pueda ser acumulable, es lo que nos diferencian de otras especies, en principio, el traspaso de la información de generación en generación, era de alguna manera la conservación construcción y modificación del conocimiento,  la invención de la escritura genera una verdadera revolución, tanto es así qué este hecho determina la subdivisión de Prehistoria e Historia con todo lo que ello conlleva; generaciones pasadas y venideras seguirán ingresando al mundo de las ciencias, literatura, historia a través de aquellos primeros escritos que tomaron relevancia hasta convertirse en clásicos para nuestra cultura. La invención de la imprenta por parte de Gutenberg, significó otro gran Salto cualitativo en el proceso de producción y acumulación del conocimiento, ahora era posible para cierto grupo social acceder de manera mucho más práctica a cientos de años de investigaciones creaciones e inversiones por parte del hombre del pasado.

Recordemos que nuestra educación tal como la conocemos, fue concebida con el propósito de educar a la mano de obra necesaria para la Revolución Industrial, dicho de otro modo la estructura del sistema educativo, fue pensada para obreros con una serie de pautas que garantizara mínimamente el buen rendimiento y consecuente rentabilidad para los dueños de las fábricas. No se pretendía a un ciudadano pensante y mucho menos crítico, ya que esa educación pensada en un contexto donde el acceso a la información era todo un privilegio, significaba entonces que las masas populares quedarían fuera del consumo y evidentemente la producción del conocimiento.

Nuestras escuelas, pensadas con una rutina de memorizar para saber hacer, aún no ha sido re construida, los estándares de enseñanza impartidos por los Estados es la misma estructura con mínimos reformas. La evaluación de un proceso social desde la búsqueda de un resultado numérico. La calidad se mide en que tan bien sabe el alumno repetir un proceso de modo puramente teórico.

No son los gobiernos los que cambian las estructuras, las verdaderas revoluciones educativas siempre fueron y serán llevadas adelante por los verdaderos protagonistas de este proceso que no son ni más ni menos que los docentes.

Los mismos que continuamente encuentran las fallas en ese sistema y trabajan para subsanarlos,   por citar sencillas cuestiones inherentes a las llamadas competencias blandas, la construcción de un ciudadano en tanto persona, la aprehensión y la construcción de la autoestima, fuera de ese individuo aislado sin solidaridad, en un sistema competitivo, cuya estandarización genera más estrés qué adquisición de conocimientos en los alumnos, con aptitudes que poco a poco relegadas a un estándar,  a un modelo educativo que se pretende igualador cuándo todos sabemos que es totalmente lo contrario.

Grandes titulares de medios masivos de comunicación en temporadas de reivindicaciones salariales por parte de los docentes rezan la crisis de educación.  Sí, siempre lo está y es lo que lleva al docente a su constante reinvención.

Aquel modelo educativo pensado para una mundo sin información ha sido marcado hasta el hartazgo sobre su inutilidad,  la falta de interés por parte de alumnado otrora combustible para el docente, cuya profesión vapuleada tanto desde lo salarial como así también por la falta de apoyo por parte de los padres,  familias que ponen en foco a una supuesta incapacidad del docente, sin un mínimo análisis de lo que significa empatizar con adolescentes que no buscan ni preguntas ni respuestas en el sistema educativo.

Ya casi sin recursos aquel docente que se consideraba dueño del saber, hoy cuando el  acceso a la información que décadas pasadas era el recurso áureo, hoy ya ha pasado a segundo plano, ya que la mayoría de los alumnos cuentan de alguna manera con acceso desde un Smartphone a una magnitud de conocimientos e información que hasta el mismo Da Vinci envidiaría.  Entonces es la información la panacea de la educación? o la construcción de conocimiento unido a un proceso de sociabilidad que genera preguntas  a ser respondidas para llegar a la construcción del conocimiento que tenga trascendencia e importancia en el tiempo.

Las máquinas y pantallas no empatizan, tampoco la socialización virtual tan ponderada en nuestros tiempos, jamás será reemplazada por el contacto humano

Hoy la enorme crisis a escala mundial a la que estamos expuestos en estos días producto de la pandemia covid-19, ha demostrado con creces los límites de la escuela online.

Pero he aquí la enorme importancia y capacidad de adaptación que tiene este profesional tan vapuleado y poco reconocido, que en cuestión de días, más allá de los estándares de competencia digital relativamente bajos por parte de la mayoría de ellos, ha sabido construir una escuela virtual y adaptarla  a las realidades de sus alumnos.  

Seamos conscientes de que el ideal de la educación virtual sólo existen en las grandes ciudades, los centros urbanos con ilimitados acceso de carga y descarga con anchos de banda que superan al mil por ciento en  las regiones periféricas de nuestro país.

La educación virtual en los bordes allí donde el acceso a internet es un bien tan preciado incomparable con la normalidad de un servicio habitual,  qué significan en los grandes centros urbanos.

Las aulas virtuales oficiales o privadas, que intentan de algún modo paliar esta situación, son lisa y llanamente inconcebibles en su uso para zonas rurales o barrios periféricos cuyo acceso a internet si los hay es tan solamente  a través de un Smartphone, a redes sociales como WhatsApp o Facebook,  verdaderos malabares tecnológicos y de preparación llevan adelante estos héroes silenciosos, que en muchos casos también su conectividad es tan precaria como la de su alumnado,  pero allí está adaptándose reinventándose generando contenidos virtuales, cuya preparación significa  varias horas extras de trabajo, una readaptación del todo, para el adolescente cuya premisa de educación está puesta en el mismo rango del tedio, allí el docente debe llegar y desde la virtualidad construir y generar en él las preguntas necesarias, rompiendo la rutina del memorizar y repetir, para qué esta enorme crisis de salud cuyo arrastre es social y económico sirva de escuela en términos específicos de aprensión y valoración de la importancia de la sociabilidad, empatía autoestima, solidaridad, rompiendo el sálvese quien pueda.

Auguramos tras la crisis un acompañamiento por parte de las familias y la sociedad en su conjunto para llevar adelante una reivindicación a esta profesión tan desprestigiada.

Juntos aprendamos a gestionar emociones en nuestros jóvenes, hacer de ellos, líderes, a ser libres juntos podremos romper esa estructura de educación autómata donde el repetir sea la regla.

Aprendamos que el aula siempre estará más allá del aula, que la docencia siempre va a exceder a lo meramente institucional Y que el aporte de toda la sociedad en su conjunto nos dejará un legado de recuperar y volver a traer a los adolescentes, cuerpo y mente,  Y que la construcción del pensamiento crítico y ese hambre de conocimiento,  no del que pueden acceder desde Google sea una reconstrucción como sociedad.

Suarez Jorge Darío

Suarez Jorge Darío

Prof. En Historia con Orientación en Ciencias Sociales

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