LA EDUCACIÓN A TRAVÉS DE LOS OJOS DE UN DOCENTE SINGULAR

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LA EDUCACIÓN A TRAVÉS DE LOS OJOS DE UN DOCENTE SINGULAR

El concepto de educación se ha transformado en los últimos años, el docente ha dejado de ser un instructor y ha dejado de ser un formador para convertirse en orientador, policía, higienista dental y así un infinito etcétera que podría llenar las páginas de esta revista. La realidad en el marco actual es que el docente, maestro, profesor, ya no es el poseedor del conocimiento, dado que Google podría demostrar nuestra ignorancia en decenas de asuntos vitales, pero el docente sigue siendo hoy por hoy el mayor experto en educación (al menos formal).

¿Es realmente un experto en educación? Imposible, más bien un buen docente debe ser un eterno aprendiz de sus alumnos, un eterno investigador en nuevos recursos metodológicos, y un eterno generador de ideas que conecten aprendizajes.

Dicen ahora los medios de prensa que Francesc Vicent Nogales Sancho (servidor) es el mejor docente de Primaria de España según los Premios Educa Abanca 2021. Es falso. Un buen docente es aquel que da la respuesta que el alumno necesita, o incluso es aquel que suscita la pregunta necesaria para que el alumno busque su respuesta. Yo no me considero mejor que muchos de los lectores que en este momento miran la pantalla. Es cierto que esos premios han valorado infinidad de cosas, pero lo realmente importante no es ser mejor que nadie, sino ser un inconformista con lo que nosotros mismos hacemos y evitar caer en una rutina diaria que marchite nuestro crecimiento profesional.

No es fácil, la primera dificultad la encontramos en el entorno más cercano. Un buen docente siempre tiene a su lado un equipo directivo y un claustro que le ha invitado a superarse. Las complicaciones, las negativas de otros a desarrollar ciertos proyectos suponen alicientes para demostrar con evidencias que el aprendizaje audiovisual, o el aprendizaje – servicio, o la gamificación pueden dar buenos resultados.

Otra dificultad que podemos encontrar cerca es la incomprensión de algunas familias, pero esto lo resolvemos haciéndolas partícipes del proceso educativo, así ellas entienden por qué sus hijos mejoran académicamente realizando un escape room, y por qué existen otras técnicas de evaluación más allá del examen escrito, como sucede con las rúbricas, dianas o escalera de valoración.

¿Entonces por qué no hay más docentes que aplican innovaciones pedagógicas? Los motivos siempre son variopintos, pero el primero que deseo destacar es el miedo. Los docentes nos sentimos inseguros si permitimos que las familias estén presentes en clase en horario lectivo, nos sentimos incómodos si debemos aplicar estrategias de ABP o de gamificación, simplemente porque no estamos acostumbrados a ello.

En otras ocasiones nos encontramos con la negativa inicial de compañeros, directivos o familias y bajamos los brazos aceptando el devenir de la situación. Una vez más debemos recurrir a ese inconformismo que debe caracterizar al buen docente, y no rendirnos pese a las dificultades.

Al iniciarnos en ese largo e interminable camino de la innovación debemos hacerlo no abandonando nuestras raíces, y eso significa no desterrar prácticas o actividades clásicas. Existen actividades de “metodología clásica” que son necesarias y que son positivas para muchos alumnos, y debemos aprender a combinarlas también con la innovación y la gamificación.

De igual manera debemos evitar ser esclavos de las nuevas tecnologías, puesto que innovar no siempre debe conllevar el uso de medios digitales. La dicotomía de clásico o nuevo, innovador o tradicional es un error que buscan ejecutar aquellos que se instalan en la rutina. No se trata de elegir, sino de complementar y hacer convivir ambas variables. No es sencillo, soy consciente, pero tampoco fue sencillo aprender a ser bípedos y lo hicimos, y seguimos lográndolo con cada niño que se alza a los pocos meses de vida.

El camino se recorre andando y paso a paso.

Para no extenderme en este monólogo, quiero invitar a todos los docentes que están leyendo este breve artículo a recordar aquellos motivos que les llevaron a la docencia, aquellas cosas que esperaban conseguir al tomar la decisión de ser maestros.

Ante la desmotivación, ante las dificultades no hay mejor solución que reencontrarnos, y cada año yo intento recordar que soy maestro gracias a los docentes que jugaron a futbol conmigo, a los que se mancharon de barro y pintura conmigo, a los que me demostraron que dándonos acabamos también recibiendo.

Yo me hice maestro porque soy un inconformista que trata de no hacer mejor la sociedad del futuro, sino de mejorar ya la sociedad del presente desde la acción.

Gracias Francesc Vicent Nogales Sancho!!!

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