LA BUENA COMUNICACIÓN ENTRE UN DOCENTE Y SU ALUMNO/A

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La buena comunicación entre un docente y su alumno/a. – Primera parte

Todas las escuelas del mundo tienen algo en común. Como mínimo, en todas ellas un grupo de personas participan juntos de la maravillosa experiencia de aprender.

Aunque el aprendizaje se realice de forma diferente, sea individual o colectiva, sea dirigida o por descubrimiento experimental, sea con más o menos motivación… estaremos de acuerdo que en todos los casos el objetivo principal es que el aprendizaje se realice lo mejor posible.

Hablemos de comunicación. Porque para que exista aprendizaje, debe existir comunicación. Una buena comunicación. Comunicación, sobre todo, entre el que enseña y el que aprende. En general, por tanto, comunicación entre el docente y su alumno o alumna. 

Si pensamos un momento sobre como nos comunicamos en clase, seguro que llegamos a la conclusión que esta, en muchas ocasiones, se vuelve muy abstracta y complicada para los alumnos. Claro, luego evaluamos y nos damos cuenta de que el mensaje que queríamos dar no ha llegado.

En este artículo desglosaremos algunas claves de cómo conseguir una buena comunicación entre docente y su alumno, entre el que transmite y el que aprende, entre el que guía y el que descubre. Buscamos dar una pincelada genérica que podremos ir profundizando más adelante, en futuros escritos.

¿Empezamos?

¿Qué sabe el docente de lo que quiere explicar a sus alumnos?

En todo proceso de comunicación, este punto es fundamental si queremos transmitir u orientar correctamente. De lo que sabe el docente saldrán instrucciones u orientaciones, comentarios o apuntes y esta claro que eso puede afectar directamente en lo que aprenden los alumnos.

¿Cómo incidimos en este momento de la comunicación para mejorar el aprendizaje? No podemos dar por hecho que un docente lo sabe todo o que está preparado para impartir una sesión de clase de una forma u otra, simplemente por el hecho de ser docente. Tengamos en cuenta la personalidad de cada uno, analicemos sus puntos fuertes o margen de mejora, el conocimiento profundo que tiene de la materia…Hay muchos factores que pueden afectar negativamente si no se presta suficiente atención a este primer momento del proceso. Mejoremos lo que sabe el docente sobre lo que quiere comunicar y ayudémosle a conseguirlo.

¿Qué explica el docente a sus alumnos?

Esta claro que una cosa es lo que el docente sabe y otra muy distinta lo que explica y como lo explica. De la misma forma que no todos los jugadores de futbol pueden ser buenos entrenadores, no todos los matemáticos o matemáticas, por ejemplo, gente que se supone que tienen un dominio alto de esta disciplina, acaban siendo buenos docentes. ¿Qué significa saber enseñar bien? ¿Qué pasos o secuencia de instrucciones, retos o desafíos tiene que sortear el alumno para que le permita aprender bien?

En este momento del proceso de comunicación, una buena formación en didáctica, por ejemplo, tener una gran empatía grande sobre el que quiere aprender, dar tiempo suficiente para que eso se produzca… son algunas claves que pueden mejorar la comunicación y por tanto todo el proceso de aprendizaje. 

¿Cómo interactúan los sentidos del alumno durante una sesión de aprendizaje?

El docente sabe cosas y ha reflexionado como explicarlas a los alumnos, pero ¿cómo interaccionan ellos?

Lo que toca (o no toca) el alumno, lo que lee (y por tanto comprende o no), lo que está viendo (o dejando de ver) de lo que el docente muestra y por supuesto lo que escucha, son aspectos muy importantes a tener en cuenta y que influyen directamente en el aprendizaje correcto de lo que se quiere enseñar.

En definitiva, ¿Cómo influyen los sentidos para que el alumno capte los mensajesque el docente lanza o que se producen en clase?

¿Podemos ordenar esa interacción de los sentidos para mejorar el aprendizaje? Es muy necesario que el alumno toque, lea y comprenda, sienta con sus propias manos, manipule, juegue y experimente… para tener una buena visualización y representación mental de lo que quiere aprender.

Cómo ordenamos los procesos, qué tiempo dedicamos a cada momento, ¿damos tiempo a los alumnos para que todo eso se produzca?… No va a servir de nada prepararse como docente, reflexionar sobre lo que se quiere explicar si luego no cuidamos cómo el alumno interactúa con su entorno en todo momento.

¿Qué está entendiendo realmente el alumno?

Hay un momento en que el alumno cree que entiende conceptos, que sabe como se hacen las cosas, que cree que lo está haciendo de la forma correcta, que lo está entendiendo bien. ¿Pero como controlamos estos momentos? ¿Cómo estamos evaluando lo que el alumno aprende? ¿Cómo lo está haciendo él mismo mientras todo esto se produce?

La evaluación continua de lo que sucede en clase se puede realizar de muchas maneras y podemos transformar una evaluación continua en una evaluación que sea formadora para el propio alumno. Si conseguimos que reflexione sobre lo que ya sabe y tiene bien afianzado, que lo haga también sobre lo que quiere aprender (y para ello los docentes hemos de tener claro cuales son los objetivos de aprendizaje en todo momento), si lo conseguimos de verdad, ayudaremos mucho al bienestar de los alumnos. Un bienestar que vendrá, entonces, del placerde aprender correctamente. Y ya sabemos que todo esto se transforma en motivación.

¿Qué integra el alumno como conocimiento nuevo?

Igual hemos conseguido formarnos mucho en algún aspecto, hemos reflexionado sobre lo que explicaremos o no y como lo haremos, hemos ordenado bien las secuencias y facilitado algún momento para que nuestros alumnos interactúen correctamente y por supuesto, también nos hemos esforzado para que el alumno reflexione lo suficiente sobre los objetivos de aprendizaje.Pero… ¿Todo eso es garantía para que incorporencorrectamente contenido nuevo? ¿Es garantía para que la comunicación entre el que enseña y el que aprende sea correcta y el mensaje llegue bien?

Pues no. Necesitamos tiempo, orden, necesitamos facilitar momentos para evocar o recuperar de la memoria de largo plazo conceptos que se han aprendido anteriormente y así poderlos utilizar de nuevo y que los alumnos vean que realmente son útiles para ellos. Y aún así, no siempre funciona. No por eso no podemos dejar de intentarlo.

Aunque el protagonista del proceso de aprendizaje es el alumno(o alumna), el que diseña, ordena, secuencia, instruye a veces, configura, evalúa y marca los tiempos, normalmente es el docente. Debemos incidir sobre él si queremos mejorar la comunicación. El alumno, entonces, acabará poniendo lo que sea de su parte para que todo fluya bien. Incluso prestará más atención. Él solo quiere aprender y sentirse bien haciéndolo.

Cuidemos la comunicación en clase. Seguro que con eso mejoramos el aprendizaje de nuestros alumnos o por lo menos damos más y mejores oportunidades para que eso se produzca.

Santi González González

Asesor en Educación Matemática

Licenciado en matemáticas por la UAB (Universidad Autónoma de Barcelona).

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