PAULO FREIRE, PEDAGOGO DE LA ESPERANZA LATINOAMERICANA

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PAULO FREIRE, PEDAGOGO DE LA ESPERANZA LATINOAMERICANA

Paulo Freire (1921-1997), nació en Recife, Brasil, fue uno de los mayores y más significativos pedagogos del siglo XX. Con su principio del diálogo, enseñó un nuevo camino para la relación entre profesores y alumnos. Sus ideas influenciaron e influencian los procesos democráticos por todo el mundo. Fue el pedagogo de los oprimidos y en su trabajo transmitió la pedagogía de la esperanza. Influyó en las nuevas ideas liberadoras en América Latina y en la teología de la liberación, en las renovaciones pedagógicas europeas y africanas, y su figura es referente constante en la política liberadora y en la educación. Fue emigrante  y exiliado por razones políticas por causa de las dictaduras. Por mucho tiempo, su domicilio fue el Consejo Mundial de las Iglesias en Ginebra, Suiza.

Ha sido director del Departamento de Educación y Cultura del Servicio Social de la Industria. Estudió letras y se doctoró en Filosofía e Historia de la Educación con la tesis «Educación y actualidad brasileña», en la que se sientan las bases de su método, según el cual todo proceso educativo debe partir de la realidad que rodea a cada individuo.

En 1963 puso en práctica su primera experiencia educativa de grupo, dentro de la Campaña Nacional de Alfabetización, consiguiendo la alfabetización de trescientos trabajadores rurales en mes y medio. Fue acusado por la oligarquía y por ciertos sectores de la Iglesia de agitador político. Como consecuencia del golpe militar, buscó refugio en Chile, donde participó en diversos planes del gobierno democristiano de Eduardo Frei, como el programa de educación de adultos del Instituto Chileno para la Reforma Agraria (ICIRA). En Chile escribe Pedagogía del oprimido, cuyo contenido desagrada al gobierno de Santiago.

Para él, la pedagogía fue considerada como un elemento fundamental en la política para conseguir un logro y un cambio democrático. Freire comenzó a elaborar su obra en el contexto de una América Latina económicamente subdesarrollada, donde las grandes diferencias sociales constituyeron un hecho común a la mayoría de los países de la región.

El inicio de la década de los sesenta estuvo marcado, en la economía, el auge del denominado “desarrollismo”- teoría que planteaba el desarrollo como un proceso lineal que parte del subdesarrollo para llegar al desarrollo situado en el extremo final del proceso-. Esta teoría percibió la educación como un sector auxiliar para sus propósitos económicos. Pero las pedagogías desarrollistas no se plantearon las cuestiones a fondo en educación, según esta interpretación, de un proceso que el Norte absorbe al Sur, por lo tanto el subdesarrollo no se corregiría con la incrementación de modelos económicos de otros países, si no con la transformación de las relaciones entre Norte y Sur de la misma región. A partir de esta visión se crearon y nacieron reformas. Esta interpretación de la realidad económica de América Latina ha tenido relación con otra gran corriente pedagógica de esta época y que R Nassif denomina como pedagogías de la liberación.

Paulo Freire ha sido uno de los más destacados representantes de esta tendencia que nace desde su obra “Pedagogía del oprimido”, nos propuso una pedagogía con una nueva forma de relación entre educador-educando y entre sujetos sociales. En su práctica educativa, Freire realizó el análisis de la relación entre educación y sociedad. Esto lo llevó a la comprensión de las determinaciones sociales de la educación y de cómo la clase social dominante, opresora, transmite su ideología a la clase dominada. Afirmó que los poderes de las clases imponen sus modelos educativos como elementos de estabilidad de un sistema social que les favorece y que nunca van a modificar voluntariamente a favor de las clases oprimidas.

Es importante tener en cuenta que la reflexión pedagógica de Freire se fue construyendo en la práctica. Su pedagogía se construyó desde y con los oprimidos antes de que para los oprimidos, de ahí que su pensamiento se elaboró en función de un compromiso con la liberación de los marginados. La concepción del hombre que fundamentó su pedagogía, es la de un hombre cuya características distintiva es la conciencia de sí mismo y del mundo, por eso el hombre “no sólo está en el mundo, si no con el mundo”. Freire afirmó que la necesidad de la humanización del oprimido debe partir desde él mismo. Sostuvo que el individuo se forme, no formarlo, que el individuo aprenda a cultivarse a través de situaciones de la vida cotidiana.

“Educación con el educando y no para el educando”, según su propuesta, educadores y educandos deben trabajar juntos para desarrollar una visión crítica del mundo en el que viven. El afirmó que el hombre debe ser educado en libertad y exigió  la creación de personan responsables. Nadie tiene el saber total y nadie es un ignorante absoluto. Todos aprendemos de todos si estamos abiertos a ello. Usar el sistema de educación económica demuestra una falta de confianza en las habilidades del pueblo en no dejarlo tomar una función más activa. Se trata de una pedagogía que nos invita a analizar y transformar el mundo.

Paulo Freire se ocupó de los hombres y mujeres «no letrados», de aquellos llamados “los desarrapados del mundo”, de aquellos que no podían construirse un mundo de signos escritos y abrirse otros mundos, entre ellos, el mundo del conocimiento (sistematizado) y el mundo de la conciencia (crítica). Porque para él, el conocimiento no se transmite, se está construyendo: el  acto  educativo  no  consiste  en  una transmisión de  conocimientos, es el goce de la construcción de un mundo común. Juan Manuel Fernández Moreno (ILCE).

Con su principio del diálogo, enseñó un nuevo camino para la relación entre profesores y alumnos, para Freire, el diálogo es fundamental e indispensable para el desarrollo del ser humano. El dialogo posibilita que educadores y educandos se puedan comunicar y así expresar abiertamente sus dudas e inquietudes. Los hombres no se hacen en el silencio, sino en la palabra, en el trabajo, en la acción, en la reflexiónEl diálogo implica un encuentro de los hombres para la transformación del mundo, por lo que se convierte en una exigencia existencial.

Para Freire, la palabra tuvo dos fases constitutivas indisolubles: acción y reflexión. Ambas en relación dialéctica establecen la praxis del proceso transformador. La reflexión sin acción, se reduce al verbalismo estéril y la acción sin reflexión es activismo. La palabra verdadera es la praxis, porque los hombres deben actuar en el mundo para humanizarlo, transformarlo y liberarlo.

El método de Freire ha sido fundamentalmente un método de cultura popular, que, a su vez, se traduce en una política popular: no hay cultura del pueblo sin política del pueblo. Por este motivo, su labor apuntó principalmente a concienciar y a politizar. Freire no confundió los planos político y pedagógico: ni se absorben, ni se contraponen. Lo que hace es distinguir su unidad bajo el argumento de que el hombre se hace historia y busca reencontrarse; es el movimiento en el que busca ser libre. Ésta es la educación que busca ser práctica de la libertad.

La manera en que Freire concibió la metodología quedaron expresadas las principales variables que sirven de coordenadas al proceso educativo como acto político y como acto de conocimiento; éstas son: la capacidad creativa y transformadora del hombre; la capacidad de asombro, que cualquier persona tiene, sin importar la posición que ocupe en la estructura social; la naturaleza social del acto de conocimiento y la dimensión histórica de éste.

Otras características del método de Freire fueron su movilidad y capacidad de inclusión. Por ser una pedagogía basada en la práctica, ésta estuvo sometida constantemente al cambio, a la evolución dinámica y reformulación. Si el hombre es un ser inacabado, y este ser inacabado es el centro y motor de esta pedagogía, es obvio que el método tendrá que seguir su ritmo dinámico como una constante reformulación. 

Para Paulo Freire, el proceso de alfabetización tuvo todos los ingredientes necesarios para la liberación. «… el aprendizaje y profundización de la propia palabra, la palabra de aquellos que no les es permitido expresarse, la palabra de los oprimidos que sólo a través de ella pueden liberarse y enfrentar críticamente el proceso dialéctico de su historización (ser persona en la historia)». El sujeto, paulatinamente aprende a ser autor, testigo de su propia historia; entonces es capaz de escribir su propia vida, consciente de su existencia y de que es protagonista de la historia.

     Como conclusión, después de recorrer parte  de la historia de uno de los pedagogos más importante del siglo XX, es importante seguir rescatando el legado que nos ha dejado, ideas y prácticas que deben seguir siendo profundizadas, y debemos continuar pensando, soñando en una educación encaminada a romper con la cultura del silencio, una educación que este dirigida al cambio, a través de la conciencia de las personas. Tengamos  en cuenta que la liberación de los oprimidos supone una revolución, “tomar la palabra”, de eso se trata, de no perder la palabra, la palabra critica, para soñar con las transformaciones sociales que cada día se multiplican.

Dejamos algunos de sus pensamientos sobre la educación:


  1. Es necesario desarrollar una pedagogía de la pregunta. Siempre estamos escuchando una pedagogía de la respuesta. Los profesores contestan a preguntas que los alumnos no han hecho
  2. Mi visión de la alfabetización va más allá del ba, be, bi, bo, bu. Porque implica una comprensión crítica de la realidad social, política y económica en la que está el alfabetizado
  3. Enseñar exige respeto a los saberes de los educandos
  4. Enseñar exige la corporización de las palabras por el ejemplo
  5. Enseñar exige respeto a la autonomía del ser del educando
  6. Enseñar exige seguridad, capacidad profesional y generosidad
  7. Enseñar exige saber escuchar
  8. Nadie es, si se prohíbe que otros sean
  9. La Pedagogía del oprimido, deja de ser del oprimido y pasa a ser la pedagogía de los hombres en proceso de permanente liberación
  10. No hay palabra verdadera que no sea unión inquebrantable entre acción y reflexión
  11. Decir la palabra verdadera es transformar al mundo
  12. Decir que los hombres son personas y como personas son libres y no hacer nada para lograr concretamente que esta afirmación sea objetiva, es una farsa
  13. El hombre es hombre, y el mundo es mundo. En la medida en que ambos se encuentran en una relación permanente, el hombre transformando al mundo sufre los efectos de su propia transformación
  14. El estudio no se mide por el número de páginas leídas en una noche, ni por la cantidad de libros leídos en un semestre. Estudiar no es un acto de consumir ideas, sino de crearlas y recrearlas
  15. Solo educadores autoritarios niegan la solidaridad entre el acto de educar y el acto de ser educados por los educandos
  16. Todos nosotros sabemos algo. Todos nosotros ignoramos algo. Por eso, aprendemos siempre
  17. La cultura no es atributo exclusivo de la burguesía. Los llamados “ignorantes” son hombres y mujeres cultos a los que se les ha negado el derecho de expresarse y por ello son sometidos a vivir en una “cultura del silencio”
  18. Alfabetizarse no es aprender a repetir palabras, sino a decir su palabra
  19. Defendemos el proceso revolucionario como una acción cultural dialogada conjuntamente con el acceso al poder en el esfuerzo serio y profundo de concienciación
  20. La ciencia y la tecnología, en la sociedad revolucionaria, deben estar al servicio de la liberación permanente de la Humanización del hombre.
Daniel A. Traverso

Daniel A. Traverso

Docente y Columnista

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Fuentes:

paulofreireuca.blogspot.com

Paulo Freire: Una propuesta de comunicación para la educación en America Latina -Juan Manuel Fernández Moreno -.

Paulo Freire. Pedagogo de los oprimidos y transmisor de la pedagogía de la esperanza. Enrique Martinez-Salanova Sánchez.

institutofreire.edu.com

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