La escuela bajo sospecha: desigualdades, meritocracia y capital cultural en una educación en crisis

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La escuela bajo sospecha: desigualdades, meritocracia y capital cultural en una educación en crisis .

En el ensayo “La escuela bajo sospecha” (Ed. Siglo XXI), Emilio Tenti Fanfani propone una mirada sociológica desde la que se pueda abordar la situación educativa en la Argentina, y ensaya una serie de respuestas para entender los problemas de fondo que deben enfrentarse.

No alcanza con indignarse. Los resultados de las últimas pruebas escolares en la ciudad de Buenos Aires muestran una caída muy pronunciada en saberes asociados a la comprensión de textos y la resolución de problemas matemáticos. Junto a esto, un estudio de Argentinos por la Educación revela que sólo el 16% de los estudiantes del país terminan el secundario en tiempo y forma. La lista de malas noticias podría continuar, pero no es la intención provocar la indignación —con datos a todas luces escandalosos—, sino, por el contrario, invitar a una reflexión que permita interpretar las causas y posibles soluciones de la crisis educativa.

Emilio Tenti Fanfani tiene una vasta trayectoria académica y es un importante referente de la educación en la Argentina. Profesor titular de Sociología de la Educación en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, es consultor de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) y ha sido docente e investigador en diversas universidades y centros de investigación de Colombia, México, Francia y Argentina. Ha publicado, entre otros ensayos: La escuela vacíaLa escuela y la cuestión socialEl oficio de docente, un largo etcétera.

En su nuevo libro, La escuela bajo sospecha (Ed. Siglo XXI), Tenti Fanfani propone entender las causas y consecuencias por las que la escuela, que era la institución evaluadora por excelencia, hoy sea objeto de evaluación.

¿Qué tensiones socioeconómicas están en pugna dentro de un aula? ¿Qué significa que la educación esté en crisis? ¿Cómo y de qué forma se valida —y quiénes definen— el modelo educativo que se impone? ¿Qué características debe tener un buen docente; cómo se lo evalúa, qué nivel de certeza tienen las pruebas estandarizadas a educadores? Estas son algunas de las preguntas que busca responder Tenti Fanfani a lo largo de 240 páginas.

Pero, también: ¿por qué hay un desfase entre escolarización y aprendizaje? ¿Por qué la educación en instituciones privadas tiene mejores resultados que en las escuelas públicas? En suma: ¿por qué, si una función de la educación es contribuir a la reducción de la brecha socioeconómica, no se está logrando?

El análisis de Emilio Tenti Fanfani tiene la particularidad de provenir, no de la pedagogía, sino de la sociología. El subtítulo del libro desborda de palabras clave: “Sociología progresista y crítica para pensar la educación para todo”.

Escribe: “Cuando la escolarización no cumple con sus promesas, deja de ser la ‘gran esperanza’ y se convierte en la ‘gran culpable’, y el resultado es una reproducción de la sospecha hacia el sistema escolar”.

Escribe: “La lógica del mercado lleva a la competencia, la desigualdad y la distinción. La lógica del derecho al conocimiento como asunto de Estado, como responsabilidad y obligación colectiva, busca la construcción de una sociedad menos desigual y más justa. Elegir entre estos fines es una cuestión de ciudadanía y no de especialistas en ciencias de la educación”.

Escribe: “Al pensar a la escuela como una competencia donde los que gana son los más dotados y los más esforzados, la igualdad de oportunidades crea vencedores y vencidos. (…) El fracaso escolar es cruel, porque culpabiliza a la víctima”.

La tesis de Emilio Tenti Fanfani es que la escuela reproduce a escala lo que sucede en la sociedad. Por lo tanto, si hoy la educación es un derecho —y ya no una obligación como a comienzos del siglo XX—, si hoy la educación, como dice Anthony Giddens, tiende a reafirmar las desigualdades antes que a cambiarlas, no alcanza con buscar las soluciones adentro de escuela. Lo que se requiere es más igualdad social.

Sólo así el sistema escolar podrá garantizar el derecho de las nuevas generaciones a desarrollar conocimientos que constituyan el ejercicio de la ciudadanía activa y participativa, no solo en el campo político sino también en el social y cultural.

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