La enseñanza descontextualizada de la escuela

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La enseñanza descontextualizada de la escuela

Partiendo de la definición de “escuela”, según Ezequiel Ander –Egg en su diccionario de pedagogía explica que la palabra escuela es un vocablo que proviene del griego scholé (vacación, descanso, tranquilidad, estudio), y del latín schola (lugar de estudio, academia); la define en el lenguaje corriente, como establecimiento o centro dedicado a la enseñanza y al aprendizaje en su significación institucional se alude a la Comunidad formada por maestro y alumnos y personal auxiliar dedicado específicamente a la educación.

Debemos considerar a la escuela como institución intencional y específicamente educativa, una de las mejores definiciones de escuela, sea aún la más valedera en estos tiempos, es la de Alfonso X, el sabio de las partidas.,“Estudio es ayuntamiento de maestro et de escolares que es fecha en algún logar con voluntad et con entendimiento de aprender saberes.

Nuestra familiaridad con el mundo de la escuela, nos convoca a definirla como un lugar específico de paso obligado para un número cada vez mayor de actores sociales; las formas pedagógicas de las relaciones sociales, están ligadas a la construcción de saberes objetivos, delimitados y codificados en el que se llevan a cabo formas de ejercicio del poder, a través de la obediencia a reglas y a personas, tanto a alumnos como docentes.

Estas dos totalidades bien definidas la de quienes van aprender, alumno, discípulo, aprendiz, educando, etc. y la de quienes van a enseñar docentes, maestros, profesores, posibilitan un encuentro trivial entre la cultura adolescente, y la de los educadores postulando muchas veces diferencias entre ambos componentes educativos; este ámbito posibilita el libre intercambio de argumentos ideas y pareceres a través del habla, por lo cual los adolescentes se expresan asiduamente en la aulas juntos con sus profesores por ello:

Escuchamos diariamente en las instituciones escolares decir a los docentes: los alumnos no leen, no quieren leer los libros, no interpretan, no tienen interés por la lectura, o también es factible establecer que el abordaje literario no es de interés para los estudiantes.

Como dice Pennac “las enseñanzas aberrantes de la lectura, el anacronismo de los programas, la incompetencia de los docentes, la vetustez de los locales, la carencia de la biblioteca hace que los adolescentes no sientan placer por la lectura.

Comentan los alumnos ¡Qué bodrio es este libro! ¡Leo para aprobar la materia! ¡Este libro no me moviliza, ni mi interesa leerlo!

Otros dicen: “Es una plomada”, no lo entiendo para nada, no podemos trabajar con estas obras, no se respetan mis intereses”.

Parece evidente, pues que los adolescentes no vislumbran la lectura de la literatura como una práctica divertida y frecuente. La razón principal es que no consideran como estímulo para su imaginación, y tampoco ven ella un reflejo de sus intereses.

El fomento de la lectura pasa por replantear de nuevo el papel de la literatura en el deseo del lector y por redefinir el rol de la escuela en esta temática.

La escuela no hace progresar el hábito lector. En contra de lo que parecería lógico, los jóvenes al ganar autonomía van prescindiendo de la lectura  en beneficio de otras formas de diversión modernas de la lectura, mientras la escuela acentúa su papel normalizador del control social en el momento más delicado de la enseñanza secundaria. No se busca que el alumno desarrolle su propio camino con sus capacidades reales y sus propios ritmos psicológicos, al contrario, se les dan contenidos descontextualizados para cumplimentar en tiempos lectivos predeterminados. Por ello, fomentemos el hábito y el deseo de la lectura de nuestros alumnos con nuevas estrategias y nuevas formas de enseñar la literatura.

Leer no está de moda, es una actividad muy poco valorada por la sociedad, por los medios de comunicación y particularmente por los jóvenes. La familia, en crisis, no contribuye con el adolescente a fomentar la cultura literaria.

Además, entre las nuevas tecnologías y la enseñanza de la literatura han existido más percepciones negativas entre ambos, que reflexiones sobre cómo pueden acercarse, combinarse, utilizarse y favorecerse.

La enseñanza de la literatura en la adolescencia va en dirección contraria, a juzgar por su fracaso, a la hora de formar lectores. Para alcanzar resultados óptimos ante esta problemática se deberá tener en cuenta:

-La enseñanza descontextualizada de la escuela.

-La influencia de las nuevas tecnologías.

-Problemáticas de la adolescencia en la actualidad.

-Desinterés de la familia para acércalos a la cultura literaria.

La propuesta a exponer consiste en lograr un punto de confluencia que permita integrar los ítems anteriormente mencionados con el fin de redefinir y unificar en un eje que fomente una cultura literaria comprometida con el quehacer del alumno.

Aunque nunca han existido tantos libros como ahora, ya sea en soporte papel o en versiones online, leer no está de moda, al contrario, es una actividad muy poco valorada por la sociedad, por los medios de comunicación y particularmente por los jóvenes, la familia en crisis en esta época no contribuye con el adolescente a fomentar la cultura literaria, y a esto le adjuntamos el desacertado uso de las nuevas tecnologías por parte del profesor como recurso para fomentar la literatura.

Durante la etapa de la adolescencia, es importante tener en cuenta, que en la soledad de lectura de obras literarias puede encontrar cuestiones referidas a sus propios afectos, sentimientos, problemas referidos a la sexualidad.

Susana Elena Sánchez Nardón

Susana Elena Sánchez Nardón

Profesora de Nivel Primario, Licenciada en Educación Básica, Profesora de Lengua y literatura, Escritora y Poeta.

TRAYECTORIA POÉTICA

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