El valor del compromiso

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El valor del compromiso

Hoy quería compartir con ustedes, algunas inquietudes sobre cambios que van naturalizándose en nuestra vida cotidiana y hablan de valores que imprime el discurso actual, lejos de ser humanitario.

Me preguntaba por qué los ámbitos escolares tienen horarios y actividades fijos. Posiblemente la respuesta sea para que, los niños desde pequeños aprendan a organizarse, proyectar sus tiempos y sus obligaciones.

Escuchamos que en los últimos años maestros, profesores y personal de la institución educativa se encuentran cada vez más preocupados por el aumento de ausencias, llegadas tardes, y, incrementándose  la cantidad de padres que buscan tardíamente a sus hijos a la hora de la salida escolar. Seguramente hay algo que está ocurriendo que va de la mano con la valoración y el compromiso.

La necesidad de organizarnos con antelación temporal, también funcionan en los distintos servicios como ser: el turno de un médico, el mecánico, y otros, donde se refleja una falta total de respeto al tiempo y a la palabra en la que las personas se comprometen.

Hay otros espacios, que no se regulan obligatoriamente, que son los encuentros afectivos. En otros momentos eran regulados por el valor que tenía el compromiso verbal  para poder concretarlos: sean compañeros de la escuela, padres, amigos, etc.

La apuesta era que no quedaran en el azar, porque, eso compromisos afectivos eran quizás más importante que todos los otros espacios obligatorios. Eran espacios elegidos y, que no estaban dispuestos a dejarlos pasar.

Por eso, se organizaba con antelación, era un espacio especial,  esperado, deseado,  cuya concreción estaba bañada de deseo, valor, reconocimiento, orgullo, inquietud,  y respeto, porque era un compromiso de palabra.

Ese tiempo parece haber caducado, el hoy, ha impuesto otro funcionamiento. En el tiempo de los avances tecnológicos, cada vez menos palabra, y los encuentros afectivos parecen flamear bajo la bandera de no perder tiempo, de aprovechar….

No perder que tiempo?… Aprovechar qué?…preguntas que seguramente no tienen fáciles respuestas.

Se escucha permanentemente dichos como: “ya que estoy cerca, de paso…”…de paso esto, o lo otro…. “tomamos un café en 10  o 5 minutitos…”….”mira estoy cerca,  quieres que nos reunamos aunque sea un ratito….”…”bueno después quedamos ni sé cuando puedo…”…”viste te llamo y arreglamos a última hora…”.

Los dichos hablan por sí mismos,  no se escucha una falta de tiempo real, más pareciera tratarse de no parar, valorar y comprometerse con el deseo, interés y  afectos, de cada uno.  Se repite la palabra “paso…” “veo…”, “estoy cerca…”  Si nos detenemos a escucharlas, no suena muy bien,…algo de paso?…Porqué, sino, no iría? Comodidad? “Si se puede bien y sino ya se verá…? “.Algo residual?

La pregunta es dónde quedaron  esos encuentros deseados y esperados, por los que la gente se comprometía? ….

Esto es lo que escuchan los niños todo el tiempo, donde si les queda bien viene una compañero, y si no puede otro, y, en cuantas instancias se pide disculpas y no se sostiene ese compromiso porque me salió otro programa mejor….mejor?

Así va desvaneciéndose paso a paso ese compromiso de palabras que construye espacios en cada encuentro sea: una tarea, una salida con compañeros del jardín, la escuela, lo el colegio, la dedicación en hacer una tarea y disfrutarla en familia, el encuentro para festejar los cumpleaños, los saludos de las fiestas, el encuentro con amigos, y muchos otros espacios que para cada uno tienen un valor, que no ha podido ser verdaderamente analizado, y, muchas veces, lo dejamos escapar.

Se trata, ni más ni menos, que el valor de los compromisos con quienes consideramos o podremos considerar importantes en nuestra vida.

No existía muchas huellas de amor, de verdadero interés, de valor…. en esos dichos donde se escucha, donde impera ese “último…momento”, “ese ya ahora”,  que habita hoy…Donde pareciera, que se trata solo de acomodarnos, moverlas piezas a último momento, si algo me falla, se canjear por otras…es cosa de conveniencias.

Se podría pensar que esto,  “de pasada” deja afuera todo el espacio del valor, del querer, del saber que alguien a dejado cosas importantes por otro; quitando así no solo la importancia que tiene ese otro para mí, sino, quitando la importancia que tengo yo mismo, para mí y para todos los otros.

Silvia Susana Lomónaco

Silvia Susana Lomónaco

Psicóloga, Profesora de Psicología.
Docente en la UNR Facultad de Psicología.
Fue investigadora en la UNR Facultad de psicología.
Profesora en Ciencias Económicas.
Seminarios sobre niños, adolescentes, en instituciones públicas de salud.

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