El pensamiento pedagógico del maestro Jesualdo Sosa.


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Jesús Aldo Sosa, conocido durante toda su vida como Jesualdo fue un maestro nacido en Tacuarembó, República Oriental del Uruguay. Fue un educador referente,  quien llevó adelante una experiencia pedagógica alternativa en la escuela rural de Canteras del Riachuelo, Uruguay (1928-1935). Se dedicó a las letras para demostrar la posibilidad de una educación “nueva” y manifestar su “rebelión  como hombre” y su “escondida venganza contra la despersonalización de la escuela hacia el individuo”. 
             Jesualdo, en ningún momento postergó sus ideales políticos por la labor docente sino que ambos aspectos estuvieron enlazados como educador, inscripto en una pedagogía crítica con fuerte compromiso latinoamericano.

Vivió una de sus mayores experiencias como docente, en  la Escuela Rural N° 56 de Canteras del Riachuelo, departamento de Colonia, Uruguay. En dicho pueblo permaneció aproximadamente siete años desarrollando su principal experiencia educativa, embarcada en un lugar pobre, “poblado por inmigrantes donde se conjugan las más variadas nacionalidades y donde el trabajo era de riguroso esfuerzo”.

Cuestionó los sistemas de educación, buscó, hurgó, posibilitándose desde diferentes estrategias encontrarse con libros, revistas, autores y experiencias múltiples. Jesualdo discutía y planificaba en conjunto con los niños las normas de responsabilidad y disciplina colectiva. Incluyó dentro de los estudios escolares el cálculo aplicado al valor del jornal, el precio de la mercadería, la ganancia de un propietario, etc. La libertad, la autonomía y el estímulo a la expresión fueron siempre sus banderas y su estilo de posibilitarles otros futuros a sus alumnos desde propuestas pensadas fuera del aula, en campamentos, salidas, exposiciones, entre otras.

En el año 1935 se publica una de las obras más emblemáticas de Jesualdo: Vida de un maestro. Novela autobiográfica que narra por caminos cargados de complejidad la dureza, la templanza, los desvelos y esperanzas de los alumnos, los queridos camaradas. Se detuvo en los niños, en sus aprendizajes, en el contenido, recorriendo en forma circular una y otra vez el cotidiano escolar, transmitiéndolo a partir de la escritura de sus experiencias.

 Jesualdo así se dio cuenta que la escuela era el único agente de cultura y que hacía felices a los niños, por eso suprimió vacaciones y feriados y creó cursos para ex alumnos, además incluyó dentro de los estudios escolares el cálculo aplicado al valor de un jornal, el precio de la mercancía, la ganancia de un propietario, para que los jóvenes se movieran con mayor lucidez.

Sus inquietudes lo inscribieron desde el comienzo de su actividad docente, aunque desde una actitud crítica, en los caminos renovadores de la corriente de la escuela nueva o activa que proponía el traslado del interés que había existido por los métodos de enseñanza, hacia lo relacionado con la psicología del niño y del aprendizaje, privilegiando nuevas pautas de actividad, libertad y autonomía. Jesualdo profundizó en particular el tema de la expresión, otorgándole una dimensión mucho más rica de la que se le daba corrientemente.

Supo conciliar la práctica con la teoría y apostó a la concreción de su experiencia en un marco que escapaba a toda solución elitista; fue un legítimo heredero de la mejor tradición iniciada por el Reformador José Pedro Varela.
El centro medular de su pedagogía era la expresión creadora que, junto a lo que él llamaba interés actual, configuraron los pilares de su proyecto curricular.

Jesualdo dijo: “La educación es el fundamental instrumento de transformación
social en cualquier proceso que exige cambios profundos y permanentes,
en cualquier época y sean cuales fueren las circunstancias
y regímenes que tengan que operar en tal sentido.”

Luego de ser cesanteado por la dictadura de Gabriel Terra en el Uruguay continúa sus viajes, entre otros lugares, por Argentina y es recibido en la Provincia de Santa Fe por la Asociación del Magisterio a partir del año 1937. Jesualdo deja huellas trascendentales en esta provincia.

Estos viajes y estadías en Santa Fe fue motivo para volver a pensar la formación docente, el trabajo en las aulas, el compromiso político y la educación. En el transcurso de la década del ´30, la Asociación del Magisterio de Santa Fe, se ocupa de la defensa de los derechos del trabajador, del salario digno y de una legislación para el ingreso a la docencia, pero también organiza cursos, conferencias sobre temáticas consideradas valiosas en ese momento educativo.

Según expresa el maestro y dirigente militante gremial Luciano Alonso Adentro de la función gremial lo que predominaba era el gremialismo. No obstante la Asociación acogió a alguna gente que eran técnicos destacados. Uno de ellos fue Jesualdo Sosa. Con él es con quien más se hizo. El llegó en un momento en que había una radicalización política, él venía perseguido. En la ciudad de Santa Fe, muchas de estas actividades de formación se llevan a cabo en la Casa del maestro de la Asociación del Magisterio de Santa Fe y en escuelas.

 Allí, Jesualdo ofreció conferencias destinadas a los docentes, como así también en el Círculo Italiano y el Centro Español, en los que además de disertaciones expone acuarelas de sus alumnos. Conferencias y cursos dictados en ciudades como Rosario, Rafaela, Moisés Ville, entre otras. La acogida del gremio para con ciertos maestros destacados, estimula los intercambios propiciados entre Jesualdo y los docentes santafesinos. También el mismo Jesualdo se refiere a dichas relaciones al sostener: Los frutos de mi trabajo se derraman en varias escuelas argentinas principalmente y en algunas uruguayas también.

También las cartas, la frecuencia en la comunicación epistolar entre Jesualdo y algunos docentes santafesinos, dan cuenta de profundos y atrayentes intercambios en un clima de respeto, admiraciones mutuas y afecto.


Los maestros, como los libros, nos enseñan la secreta astucia de caminos sinuosos, de búsquedas incesantes, de mirar y apreciar el talento de otros y al mismo tiempo separarse y componer desde la propia sensibilidad.

El concepto de educación, en sentido amplio, para Jesualdo Sosa era el arte de devolverle al hombre su libertad originaria, rescatándolo como sujeto de deseo. Educar es desarrollar en los otros, estrategias que le permitan trascender las circunstancias presentes, creando a través de la imaginación y la fantasía, un otro mundo simbólico que instale al sujeto en una nueva situación, en el que pueda sentirse confortable, seguro y auténticamente libre, sublimando su realidad.

 El trabajo, para Jesualdo Sosa, debe ser goce y creación, en tanto el sujeto, apelando a su deseo, concreta y materializa el esfuerzo de su quehacer a través de sus realizaciones. Entre el concepto de educación y el de trabajo, para Jesualdo Sosa existe una intrínseca relación, amalgamada a través de la creación, configurándose así la novedad en Jesualdo Sosa: la expresión creadora es quien vincula el nexo educación y trabajo.

Jesualdo Sosa no niega la posibilidad de que la educación sea un reflejo necesario de los intereses de la clase dominante, del ideal político-social de su tiempo, admite que el docente, puede cooperar en la transformación del medio. Y para sostener esta afirmación, el maestro remite a su experiencia en la Escuela de Canteras de Riachuelo, donde logra fusionarse con los problemas de los pobladores, patrones y obreros, padres de los alumnos que asistían a sus clases. Allí toma conciencia del valor que posee el estar en contacto con las “masas populares”, ya que logra advertir el rol de explotado del que también padece el maestro, pero que permanece encubierto bajo la figura de apóstol. Para Jesualdo Sosa, el medio social (primero desde el hogar y después desde la escuela), tiende a la desindividuación, imponiendo la despersonalización y para ninguna sociedad el desindividualizado es útil.

Jesualdo Sosa profundiza en el origen de las aptitudes, como referencias de la expresión creadora, analizando el por qué la escuela se ha despreocupado de las cuestiones de las aptitudes, concluyendo que para la escuela, así como para el proceso fabril, el creador anónimo resultaba ser un estorbo para la 22 superproducción en serie. También para la escuela el creador puede ser un inconveniente, en consonancia a los fines a la que se halla abocada. De ahí el reducir o considerar, sólo algunas pocas aptitudes, en los sujetos del aprendizaje. Define la aptitud, surgiendo del gusto, el que, a su vez guía la expresión -como presencia profunda- hasta su manifestación denunciadora: la aptitud en sí.

Para concluir, “Vida de un maestro” (1935), no ha sido un informe pedagógico detallado o un diario de clase. Se trata de una de las obras más conocidas de Jesualdo Sosa, paradigmática en la pedagogía uruguaya, de la que se puede inferir, un verdadero tratado de Pedagogía, pese a ser un diario novelado, una novela autobiográfica o una historia novelada. El libro “Vida de un maestro” continúa siendo motivante, desafía, estimula, y nos acerca a la realidad.

www.politicayeducacion.com

Fuentes:

Reconstrucción biográfica de Jesualdo Sosa a partir de su innovación pedagógica – Ponce de León Mata, Elizabeth Renée -Enfoques.edu -Ma. Alejandra Diez-

Daniel A. Traverso

Daniel A. Traverso

Docente y Columnista

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