El aprendizaje como un arte para toda la vida

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Roy Berocay El genial escritor y músico uruguayo fue uno de los grandes referentes que participaron en las Jornadas Internacionales de Educación y Futuro, que la plataforma educativa Ticmas organizó en Montevideo. Cuál es la función de la escuela, cómo influencia un maestro a sus estudiantes y de qué forma la literatura puede constituirse en una práctica de la libertad: algunos de los temas que habló en esta entrevista.

Luego de los encuentros de diciembre en México y febrero en la ArgentinaUruguay fue la sede elegida por Ticmas para continuar debatiendo la transformación educativa en la región. Las Jornadas Internacionales de Educación y Futuro en Montevideo contaron con más de veinte referentes en distintas áreas y abordaron las temáticas más complejas y actuales: el uso de la tecnología en el aula y fuera de ella, las competencias que los estudiantes deben alcanzar para desenvolverse en un mundo siempre cambiante, el manejo de las emociones y el rol de las familias, además de dialogar sobre metodologías como el Aprendizaje Basado en Proyectos y los criterios necesarios para elaborar una evaluación auténtica.

Pero también hubo momentos en los que fue posible pensar el aula desde el corazón y el arte. Uno de los invitados para esas charlas fue el genial músico y escritor Roy Berocay. Con más de cincuenta libros publicados y otra larga docena de discos, Berocay es una de las personas que forma parte de la trama emotiva de padres e hijos. Es el creador de la saga del sapo Ruperto; sus libros se han publicado en Uruguay, Argentina, México, España y Perú. Ruperto es una figura tan presente que incluso le ha dado el nombre para la banda que Roy creó hace quince años con sus hijos Pablo y Bruno, Ruperto Rocanrol. Pero no todo es universo infantil: también toca en Berocay Blues y ha publicado varias novelas para lectores jóvenes (la más reciente es El principio oscuro). Entre los premios y reconocimientos que ha recibido, se pueden mencionar el Premio del Ministerio de Educación y Cultura, el Bartolomé Hidalgo de Literatura Infantil, el Premio Florencio al teatro para niños y adolescentes y el Premio Alas por su aporte a la cultura nacional.

“Tuve la suerte de tener buenos docentes y también padecí a otros”, dijo. “Yo fui a una escuela de curas. Era una escuela solo de varones; las niñas eran unos seres míticos que iban a la escuela de la otra cuadra. Era muy duro: todo estricto, disciplina, grito, cachetazo –porque en esa época nos pegaban y uno no sabía que no se podía hacer y entonces no decía nada en casa–. Después nos fuimos a vivir a Estados Unidos, que era una onda completamente diferente, y cuando volví ya fui al liceo público. Mi experiencia con maestros tiene que ver con mis hijos, que fueron todos a la escuela pública, y también como escritor o músico visitando escuelas”.

¿Qué tiene que tener un maestro para ser un maestro?

–La primera palabra que se me ocurre es empatía. La capacidad de ponerse en el lugar del otro. Hay una cosa que es muy evidente: vos ibas a dar una charla en Tercero A y otra en Tercero B, y entrabas a Tercero A y los gurises estaban todos preparados con preguntas, estaban entusiasmados, conocían tus cuentos, y la maestra tenía mucha onda, era macanuda, se reía, hacía chistes, y después ibas a la clase de al lado y no sabían quién eras, te preguntaban cualquier cosa, la maestra estaba más seca. Nos pasa también en los recitales, que hay grupos que bailan y participan y la maestra también, y otros duritos mirando de reojo a la maestra que está con cara de Para qué vine. Es enorme el grado de influencia que tiene una maestra o un maestro en los niños. Por eso creo que lo principal es la empatía: preocuparse por el otro, saber qué necesita, qué siente, qué le hace falta.

Una actitud imprescindible.

–Pero otra cosa que he visto es que el sistema tiende a igualar hacia abajo. Entonces, el niño o la niña que hizo todo rápido porque tiene apoyo en la casa, porque le leen cuentos antes de dormir, tiene libros y ve películas y escucha música, termina antes y se aburre. Y cuando se aburre empieza a molestar a los otros. Pero, en vez de ocuparse de ese niño y desafiarlo a que haga más cosas, lo que se trata es de aplanarlo, que se quede quietito en un rincón, que no moleste. Y en realidad se está desperdiciando un montón de energía y de talento y de capacidad creativa. El sistema no está pensado para los gurises que desafían, que cuestionan y discuten porque son inteligentes. Yo creo que uno de los grandes problemas es que las reformas educativas siempre van como diez años atrasadas. Cuando el sistema se decide a cambiar algo ya es tarde. Y los gurises están diez años más adelantados. Estaba escuchando muy interesado las charlas anteriores sobre tecnología y es una carrera que venimos corriendo de atrás. Los gurises nos llevan kilómetros de distancia.

Yo tuve la suerte de que los maestros y las maestras se hayan apropiado de mis libros y los hayan desparramado por las escuelas cuando recién empezaba

La literatura y la música comparten cierta condición innata de rebeldía. Y la escuela, tal como lo decís, puede tener una dinámica más verticalista. ¿Qué tiene que aprender la escuela de la literatura y de la música?

–Yo siempre digo –no porque ahora esté delante de docentes– que tuve la suerte de que los maestros y las maestras se hayan apropiado de mis libros y los hayan desparramado por las escuelas cuando recién empezaba. Hay un vínculo muy interesante en Uruguay entre la escuela y los autores, entre la escuela y los libros, que se viene dando desde hace por lo menos treinta años. Hay escuelas en las que, todos los días antes de irse, la maestra les lee un capítulo de Pateando lunas. Es lectura por placer, por diversión. Eso genera mucho más amor hacia los libros que obligarlos a sacar el verbo, sujeto predicado, analizar tal párrafo. La lectura por la lectura en sí. En otras charlas hablaban del Plan Ceibal: existe la Biblioteca Ceibal y los gurises tienen acceso a muchos libros de autores infantiles y me consta que se usa bastante. Yo creo que los docentes y las docentes han tomado el carácter de la distensión, de divertirse, de fomentar la imaginación. Y de la música también: cantar, bailar, liberarse. Nosotros somos un país de gente muy trancada. Ahora, por suerte, he visto que los gurises son más sueltos.

La charla en la que estamos se llama “El aprendizaje es un arte que dura toda la vida”, que es una hermosa frase de Nicholas Burbules. Con tantos libros y discos y obras de teatro, ¿qué te queda por aprender?

–Me puse a estudiar edición y grabación de sonido hace cuatro años. En la pandemia me puse a estudiar piano. Solo porque tenía un piano que había dejado mi hijo. Vuelvo a lo que hablaban en las otras charlas sobre tecnología: yo a veces les digo a los gurises que no se dan cuenta que tienen en el bolsillo y al alcance de un dedo todo el conocimiento de la humanidad. ¿Querés aprender a tocar piano? Hay miles de cursos y tutoriales. Yo me compré un banjo y estuve meses estudiando cómo tocarlo en YouTube. No se le destaca lo suficiente a los niños que sí, pueden ver videos y jugar, pero que también pueden averiguar cómo arreglar la bicicleta, cómo hacer una película, cómo hacer una canción. Está todo el conocimiento de la humanidad en el bolsillo y sólo se usa para ver gente bailando o escuchar reguetón. Estamos desperdiciando todo ese conocimiento. Imagínate la biblioteca de Alejandría, millones de cosas y los tipos pasan mirando para otro lado.

Yo creo que el uso de la tecnología debería ser una materia obligatoria desde chiquitos en la escuela, como Historia o Matemáticas

¿Qué se puede hacer para que los estudiantes vean el potencial?

–Yo creo que el uso de la tecnología debería ser una materia obligatoria desde chiquitos en la escuela, como Historia o Matemáticas. Aprender a usarla y también aprender a discernir qué es lo verdadero de lo falso. Estamos en una época donde existe una gran manipulación. Y así como los adultos estamos siendo permanentemente bombardeados por eso, los niños también. Yo creo que estamos a tiempo para que en los programas se incluya una o dos veces por semana manejo de redes, cómo separar la información de la verdadera de la falsa, cómo buscar datos y cotejarlos. Me pasó de ir a una escuela rural y ver un cartel que decía “Bienvenido maestro Gustavo González”. Yo pensé que esperaban a alguien y resulta que ellos creían que yo me llamaba así porque alguien se había tomado el atrevimiento de meterse en Wikipedia y cambiar todos los datos. No habían verificado mi nombre en otro lado. Entonces, yo les expliqué que los periodistas por lo menos verifican en tres fuentes. Eso me parece una cosa que se debería hacer.

Fuente: Infobae

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