Cuando le exigimos tanto a la escuela, se desorienta y pierde el sentido de lo que tiene que ofertar

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Andrea Alliaud , Doctora en Ciencias de la Educación por la Universidad de Buenos Aires y con un Magíster en Ciencias de la Educación (FLACSO), dio una respuesta a una pregunta que suele incomodar: ¿Por qué a los docentes les cuesta ser evaluados?

Emilio Tenti, que fue Director de mi tesis de Maestría en FLACSO, siempre dice que la escuela que era la que examinaba; ahora en este contexto de crisis, es la que va a examen”, recordó Alliaud y agregó: “La escuela es criticada, la escuela es cuestionada. Y yo creo que tiene que ver con que la escuela moderna es un producto histórico, que surgió en el siglo XIX y esa escuela; si bien es bastante diferente a la escuela de hoy, pero en algunos aspectos es bastante parecida. Lo que muchos autores llaman la forma o gramática escolar”.

Sobre la escuela como producto histórico, la autora resaltó “que sigue funcionando con los tiempos y los espacios como en la Modernidad, dividiendo al conocimiento por asignaturas, a los docentes los coloca en aulas frente a alumnos, también agrupados por edades. Hoy le pedimos a esa escuela de la Modernidad, que tenía determinados fines sociales, que tenga otros muy diferentes. Por ejemplo, le pedimos a la escuela que incluya a sectores sociales tradicionalmente excluidos, sino que además a quienes ingresan a las escuelas aprendan”.

A pesar de estas críticas hacia la actual escuela, Alliaud destacó, como en su libro Enseñar hoy (Paidós, 2021), que la examinación de la escuela también “nos abre múltiples desafíos, que para mí, valen la pena afrontar. Y como docentes, y como formadores, tenemos que estar preparados para enfrentarlos creativamente”.

¿Qué esperamos de la escuela?

“A la escuela cada vez le pedimos más”, dijo, “hoy le pedimos que nos enseñe a vivir con otros y con otras, a respetar la diversidad, a compartir. Que nos enseñe a aprender a aprender; habilidades muchísimo más complejas porque realmente esas habilidades son las que las sociedades de hoy nos están demandando, y cada vez se le pide más a la escuela. Una escuela que paradójicamente sigue conformando su gramática, su formato originario”.

Como lo destacaba en su libro Los artesanos de la enseñanza (Paidós, 2017), Alliaud retomó la idea de que “Cuando le exigimos tanto, la escuela se desorienta. Pierde el sentido acerca de lo que tiene que ofertar”. Y agregó: “Ante tanta demanda, la escuela puede perder su certeza y lo que puede pasar, en el peor de los casos, es que se desdibuje”.

“Por muchos años formamos a docentes pensando que el docente se formaba y que luego iba al aula y aplicaba; esta es la palabrita famosa, que para mí hay que desterrar de todos los ámbitos pedagógicos”, planteó Alliaud. E ironizó: “Andá hoy a una escuela e intentá enseñar, o aplicar rígidamente aquello que aprendiste. No va a funcionar porque los chicos y las chicas están en otra. Sacan los celulares, se paran, te dicen a mí qué me importa, te tiran el libro por la cabeza. Eso es una escuela hoy y esto hay que decirlo”.

“Sigo apostando a la escuela como institución social en cuanto a la transmisión de la cultura, en cuanto al pasaje intergeneracional y la formación que se da en la instituciones educativas de manera pautada, masiva y compartida, pero, entonces, ¿cómo hacemos para enseñar hoy? Tenemos que saber que la réplica o la aplicación no resultan”, insistió la autora. “Enseñar hoy es estar atento, es escuchar a los chicos”, planteó Alliaud y puso como ejemplo la película “Escritores de la libertad” (2007) donde una docente se da cuenta que no es posible enseñar de manera rígida y crea su propio método en una escuela estadounidense, un método tan simple y tan complejo como dar la voz a los estudiantes para comprenderlos y poder educarlos.

“Hoy el principal desafío es cómo hacemos para convocar a los estudiantes. Convocarlos a ese encuentro con el saber. Cómo les presentamos esas porciones del saber que como adultos y docentes consideramos valiosas”, reflexionó.

Fuente: Infobae

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