Crónicas de un docente en viaje por escuelas secundarias de América Latina

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El investigador Pablo García recorrió 40 instituciones educativas de la región ubicadas en contextos de vulnerabilidad social.

La educación es un derecho. Está consagrado así en leyes nacionales y tratados internacionales. Sin embargo, en sociedades marcadas por la desigualdad y la exclusión social, para muchos niños y adolescentes de Latinoamérica sigue siendo una promesa. Así lo destaca Pablo Daniel García, docente, doctor en Educación y autor de Un viaje por las escuelas secundarias de Latinoamérica (Homo Sapiens Ediciones). El libro, que nació como tesis doctoral, recoge experiencias y relatos de 40 escuelas de siete países de la región y hace foco de análisis en las estrategias que se desarrollan en las escuelas secundarias que trabajan en contextos de vulnerabilidad para mejorar las trayectorias escolares de sus estudiantes. El libro se presenta el próximo lunes 14 de diciembre a las 19 a través del Facebook. Será a través de un diálogo que mantendrá el autor con la pedagoga Carina Kaplan.

En su bio de Twitter, Pablo García (@polviajerose presenta como “viajero y profesor (en ese orden)”. Sus dos pasiones amalgamadas en un conjunto de crónicas de escuelas de Argentina, Bolivia, Uruguay, Paraguay, Ecuador, Perú, Chile. “Siempre me gustó viajar y cuando tuve que decidir el tema de tesis sabía que una buena forma de hacerla era que sea una tesis viajera”. Además del viaje, hay en el autor una mirada comprometida con la educación latinoamericana y los pueblos de la región que se ve reflejada en el texto. La obra recupera además la voz de docentes y directores de las escuelas, a fin de discutir políticas educativas “desde el territorio”, señala.


El aula de una unidad educativa de El Alto, Bolivia. El autor dialogó con docentes y directivos de siete países.

—¿Cómo ves el debate en la región sobre la educación como derecho?

—Al estar consagrado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en mayor o menor medida todos los países de la región adhieren al derecho a la educación. Lo que sí es cierto es que durante mucho tiempo se asoció a la primaria, que fue el primer nivel que el Estado tenía la obligación de garantizar. Poco a poco, y en la Argentina a partir de 2006, en la mayor parte de la región progresivamente la educación secundaria comenzó a ser considerada también obligatoria, en función de cómo va cambiando el mundo y la necesidad que hoy en día hay para acceder a cualquier trabajo. Entonces, la idea del derecho a la educación como promesa tiene que ver con que desde hace mucho tiempo se viene insistiendo con políticas que tienden a querer garantizar que todos los pibes accedan a la escuela media, y en realidad los resultados son diversos. Es cierto, hay más estudiantes en la escuela secundaria, pero claramente es el nivel educativo que resulta más expulsivo, en el sentido de que es donde los pibes desertan más, repiten más o dejan. Y por lo tanto se gradúan muchísimos menos de los que ingresan.

—Y se vulnera ese derecho entonces.

—Claro, porque queda como una enunciación de principios cuando en realidad muchos jóvenes quedan excluidos de tener posibilidades de acceder a la escuela, que es lo más básico. Sobre todo si uno piensa en los sectores más vulnerables, campesinos o pueblos originarios, que van quedando con todos sus derechos vulnerados, no solamente con la educación. Por eso me interesaba ver qué pasa con las escuelas que trabajan en contextos de alta vulnerabilidad en la región y qué hacen para que los pibes no solamente lleguen a la escuela, sino que también que permanezcan en ella y que además de todo eso, que ya es un montón, aprendan. Porque hay algunos problemas que son externos a la escuela, que tienen que ver con las condiciones de posibilidad con las cuáles las familias parten. El tiempo de la escuela compite para los sectores más pobres con el tiempo del trabajo, porque a medida que los estudiantes crecen, también es mayor el tiempo que le tienen que dedicar al trabajo, ya sean varones o mujeres.

—¿Qué problemáticas comunes aparecieron en el recorrido por las escuelas de la región?

—Me interesaba una dimensión de los adolescentes y las escuelas, que son las trayectorias escolares. Cuando uno piensa en jóvenes de sectores más vulnerables hay un primer problema en común, que es que llegan a la secundaria con ingreso muchas veces tardío. En principio, porque han entrado tarde al sistema educativo. También el nivel secundario en la región tiene severos problemas de repitencia. Otro problema es la movilidad de los padres. Me refiero a familias que emigran en busca de trabajo, que no se hacen en los tiempos que la escuela pretende. Vos podés ingresar a una escuela o pedir el pase en algunas épocas del año, pero si te vas en otras muy difícilmente te tomen en la escuela de la ciudad o el lugar donde llegues. Entonces, en familias que están contando monedas y buscando trabajos temporales la movilidad es un problema también. Y otro tema es la deserción, donde hay problemáticas vinculadas como el ingreso al mundo laboral, el cuidado de hermanos —sobre todo en las mujeres—, y la paternidad y maternidad adolescente.

—En la crónica de la Araucanía, hay una frase que dice que muchas familias no tienen “grandes esperanzas” con lo que pase después de la escuela…

—Sí, hay una idea en las familias, sobre todo de contextos más vulnerables, del destino ya instalado. Que muchas veces tiene cuestiones fuertes de género. Si te movés hacia el mundo andino el rol de la educación de la mujer es muchísimo menor que para el hombre. Porque la mujer en muchas comunidades tradicionales del mundo andino tiene como mandato formar una familia. Hay cuestiones culturales de género y también de clase social, que está en el tipo de trabajo al que pueden acceder. Por eso es muy importante el rol de los sistemas educativos, para romper con esas profecías y que no se autocumplan.

Fuente

Diario La Capital

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