UNA APROXIMACIÓN A UNA FILOSOFÍA DE LA HISTORIA DE LA PATRIA GRANDE

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Hablar de Pueblo, parece de lo más abstracto, y a pesar de que el pueblo es una realidad muy concreta.

¿Dónde estudiar al pueblo? ¿Dónde se estudia esta realidad?

El único lugar donde hay pueblos es la historia. Solo ahí en la historia, podemos verificar elementos que tiene el pueblo. Por eso, diría que buscar lo que es el pueblo no es concretar una definición, sino más bien, abrir cierta reflexión sobre la historia. 

El concepto de pueblo adquiere y posee diferentes contenidos en los diversos países y en los distintos periodos de la historia, hasta en un mismo país. Porque el pueblo es una realidad eminentemente dinámica e histórica.

En general, nuestra formación, las historias que hemos estudiado, tienden a hacernos creer que los grandes personajes hicieron la historia. 

En verdad, son los pueblos los que hacen la historia; los pueblos son los sujetos activos de la historia. En ese sentido, la historia es el proceso de lucha, de esfuerzo de los pueblos por ser sujetos activos de sus propias historias y copartícipes, como sujetos también, en la historia universal. 

La historia universal sería el camino hacia la unidad de todos los pueblos, adonde cada uno quiere llegar con su personalidad cultural para aportarla en la integración universal. 

Y si de alguna manera la historia es una larga lucha de los pueblos, para lograr estar integrados como tales en el concierto de las naciones-y esto es uno de los aspectos fundamentales de lo que llamamos liberación de los pueblos-es porque hay pueblos que intentan incorporar a otros a la historia como objetos, como instrumentos. Los pueblos luchan para ser sujetos, es decir, por ser libres. En esta idea fuerza, nos conduce al problema de la capacidad de hacer historia. 

El hombre hace la historia desde la razón. Pero si nos encerramos en una visión iluminista, se podrán sostener particularmente los pueblos de occidente en su versión europea o norteamericana, que postulan que sólo tienen historia los que poseen ciencia positiva racional. Y por lo tanto desde esta lógica solo conducen la historia los avanzados científicamente, “los pueblos sujetos” frente a los “pueblos objetos “.

Los otros pueblos, los “primitivos” ya que los primeros serían los “civilizados”, son los “pueblos objetos” incorporados a la historia por los “civilizados”. Y si los “pueblos objetos” no aceptan la interpretación histórica de estos “pueblos sujetos” por la razón, la tendrán que aceptar por la razón de la fuerza, que es lo que pasado en la historia. 

En la concepción cristiana, creemos en una concepción natural, de derecho natural: todos los pueblos poseen racionalidad.

El pueblo posee una honda vivencia de la realidad y esta honda vivencia es la que produce el tener valores. La expresión de esta sabiduría, de esta conciencia directa, es más bien una toma de posición o una forma de praxis. Por ejemplo, solo el que ha sufrido la injusticia valora en su profundidad la justicia. Esta praxis, recogemos los pueblos como movimientos históricos para ser libres. Porque en esencia los pueblos anhelan ser libres.

Por lo tanto, un pueblo puede no tener ciencia, pero tiene conciencia, que es un modo fundamental de llevar la historia. Y esta conciencia es básicamente la cultura. En la experiencia de la vida es donde asume valores: tiene valores.

Teniendo en claro lo antedicho, decimos que el pueblo es un todo nacional. Pueblo son todos. Todos los que tienen la capacidad de trabajar la tierra, de relacionarse y de sentir que hay que alejar la muerte y la soledad. Es decir, todos aquellos que se cultivan asociativamente. Son todos; pero también son pueblos los sectores. La mayoría es pueblo. Y primordialmente, los pobres. 

El pobre por su propia condición busca la justicia, que es el fin de la historia, que es donde el pueblo es sujeto. Por eso, el pueblo es aquel que, por no tener, por su propia situación existencial, afirma que la sociedad se encamina hacia lo justo. Por eso. Por aquí pasa, originaria, aunque no exclusivamente, la historia. 

Las élites, los líderes, los sectores medios y altos, también son pueblo, pero en la medida, diríamos, en que saben ser pobres, es decir, recogen el clamor de la historia siga adelante, en la medida que no se autoexcluyan, no aceptando la solidaridad de los pueblos. 

Pueblo, también, es un todo temporal. No es sólo la actual situación; es un proceso de tiempo que se condensa en el hoy, en el nosotros. 

Entonces el elemento determinante no es el hoy geográfico, ni el hoy histórico, sino diríamos, que el elemento determinante de la Nación es la unidad de pueblo, cuyo factor específico es la cultura. Lo que une al pueblo en el tiempo y en el espacio es la cultura, que va continuamente elaborando, que es, que viene de la historia, que se vive y que se sigue transmitiendo a las generaciones futuras. 

En ese sentido, un pueblo Nación es una comunidad de hombres reunidos sobre la base de participación en una misma cultura, en un mismo estilo cultural. 

El positivismo nos hizo creer que la cultura son creaciones individuales. Y en verdad es creatividad de toda una comunidad. Es un pueblo el que realiza valores. El ethos, el estilo cultural, es el que reúne el pueblo y lo constituye. 

Y en el centro de esa conciencia cultural, la decisión política de serlo: de defender sus valores, de querer constituirse como tal y, por lo tanto, incorporarse a la cultura universal con su propia idiosincrasia, con su propio estilo, con su ethos cultural, es lo que constituye un pueblo.

La conciencia histórica es el prerrequisito ineludible para adquirir una conciencia nacional.

Y la soberanía solo se logra con la identidad cultural sólida y en su dimensión más profunda, la espiritualidad cristiana o evangelización constituyente que forjó a la Patria Grande mestiza, católica y barroca.

Dr. Miguel Ángel Barrios

Dr. Miguel Ángel Barrios

Profesor de Historia, Magister en Sociología, Magister en Educación, Doctor en Educación, Doctor en Ciencia Política-Universidad del Salvador-Bs. As.

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